Parte del libro, “El Camino al Paraíso: Una Guía para Conversas Musulmanas“
Capítulo 1: Creencias y enseñanzas islámicas
La religión del islam proporciona un código completo de leyes y orientación. En este capítulo encontrará un breve resumen de las enseñanzas básicas y explicaciones de algunos términos. Se describen brevemente los principios básicos, los Artículos de Fe y los Pilares del islam, así como otros conceptos del islam. Se presentan la condición y la misión del Santo Profeta (la paz y las bendiciones de Al’lah sean con él) y se describen las distintas sectas del islam. Se presenta una explicación de la venida del Mesías Prometido y de La Comunidad Ahmadía.
A medida que se involucre más en el estudio o la práctica del islam, encontrará muchas palabras y principios nuevos y es posible que desee profundizar en ellos. Al final de cada capítulo se ofrece una lista de libros para profundizar en su contenido. El último capítulo del libro contiene referencias adicionales para futuros estudios.
Es importante señalar que prácticamente toda la terminología utilizada en el islam está en árabe, como en el Sagrado Corán. Con el fin de facilitar su comprensión, cada término se enumera tanto en árabe como en inglés.
ISLAM
Islam (palabra árabe que significa “paz y sumisión”) es el nombre dado por Dios Todopoderoso (Al’lah) a la religión revelada por Él al Santo Profeta Muhammad (la paz y las bendiciones de Al’lah sean con él) a través del Sagrado Corán. Significa el logro de la paz a través de la rendición de la propia voluntad a la Voluntad de Al’lah. Quien así se somete y sigue las leyes del islam se llama musulmán.
OBJETO DE LA CREACIÓN HUMANA
Al’lah dice en el Sagrado Corán:
“No he creado a los Yinn y a los hombres sino para que Me adoren”. (51:57)
El verdadero propósito de la vida de un ser humano es la adoración de Dios, el logro de Su comprensión y la completa devoción a Él. Debe seguirle perfectamente como un esclavo sigue a su amo. Al’lah ha creado al ser humano con las facultades apropiadas para este fin, y ha revelado el Corán para que pueda buscar a Al’lah a través de él. Así, el primer deber de un musulmán es para con su Creador; adorarle y seguir sus mandatos. Esto se conoce como “Haquq-Al’lah”. Su segundo deber es servir a la humanidad, “Haququl-Ibad”, pues esto forma parte de la adoración. Un musulmán puede mostrar su amor por Su Creador expresando amor y compasión por toda Su creación.
LOS ARTÍCULOS DE LA FE (IMAN)
1. Unidad de Al’lah (Tauhid)
El reconocimiento de la Unicidad de Al’lah es el principio más importante del islam, siendo la piedra angular de la fe y la base de la salvación. El aspecto más destacado de Al’lah en el islam es Su Unidad. La Kalimah Tayyiba es la doctrina básica del islam. Es:
“La ilaha ilAl’lah Muhammadur rasulul’lah”.
No hay más Dios que Al’lah, y Muhammad es Su mensajero.
Negar la Unicidad de Al’lah y asociar a cualquier otro con Él (shirk) es el pecado más grave en el islam. Él es el único Creador del universo, y nada puede ocurrir en él sin Su conocimiento y Su consentimiento. Un capítulo entero del Sagrado Corán (Sura Al-Ijlas) está dedicado exclusivamente a la Unicidad de Al’lah:
“Di: Él es Al’lah, el Único; Al’lah, el Independiente y el Amado de todos. Él no engendra ni es engendrado. Y no hay nadie como Él”. (112:2-5).
2. Ángeles (Malai’kah)
El islam exige creer en los ángeles. Son seres espirituales creados por Al’lah para obedecerle y cumplir Sus mandamientos. A diferencia del hombre, los ángeles no tienen libre albedrío y no pueden actuar de forma independiente. Controlan las fuerzas de la naturaleza por orden de Al’lah. También por orden de Al’lah, los ángeles actúan como intermediarios en el cumplimiento de Su voluntad. En este sentido, también se les denomina mensajeros (pl. rusul, sing. rasul) de Al’lah. De hecho, entre sus tareas están: llevar las revelaciones divinas a los profetas; castigar a los enemigos de los profetas; rezar por los creyentes y darles buenas nuevas; glorificar a Al’lah con Sus alabanzas; y llevar un registro de las acciones de los hombres.
Cuatro de los ángeles más conocidos son: Gabriel (Yibrail), Miguel (Mikail), Rafael (Israfil) e Israel (Israil).
3. Libros (Kutub)
Los musulmanes creen que Al’lah reveló Sus leyes por etapas a la humanidad a través de Sus profetas, y por lo tanto aceptan la Torá de Moisés (la paz sea con él), los Salmos de David (la paz sea con él) y el Evangelio (Inyil) de Jesús (la paz sea con él) como libros sagrados, así como las escrituras sagradas de todos los demás mensajeros de Al’lah. Sin embargo, los musulmanes creen que todas esas revelaciones se limitaron a una época y a un pueblo concretos y no se conservan en su pureza original, sino que están sujetas a distorsiones. Todas las Sagradas Escrituras culminaron y se perfeccionaron en el Sagrado Corán (al igual que toda la religión se perfeccionó en el islam). El Sagrado Corán dice:
“En este día he perfeccionado para vosotros vuestra religión y he completado Mi favor sobre vosotros y he elegido para vosotros el islam como religión.” (5:30)
4. Profetas (Anbiya)
Todos los profetas o mensajeros de Al’lah (rasul) son aceptados y respetados por los musulmanes. El Sagrado Corán afirma que Al’lah suscitó profetas entre la gente de todas las naciones, enviando mensajes Divinos y advertencias a través de estos hombres santos. Dice:
“… y no hay pueblo al que no se haya enviado un Adivino”. (35:25)
Algunos de los profetas específicamente mencionados en el Sagrado Corán son: Adán, Eliseo, Job, David, Ezequiel, Hud, Abraham, Elías, Jesús, Isaac, Ismael, Luqman, Noé, Salih, Salomón, Jonás, Juan el Bautista, Jacob, José y Muhammad. Hay muchos otros como dice Al’lah en el Sagrado Corán:
“Y enviamos mensajeros antes de ti; de ellos hay algunos que te hemos mencionado, y de ellos hay algunos que no te hemos mencionado;…” (40:79)
A los musulmanes se les ordena que no hagan distinción entre ellos y que los acepten a todos. Sin embargo, así como los musulmanes creen que el Sagrado Corán fue enviado a toda la humanidad, abarcando las enseñanzas de escrituras anteriores, así también los musulmanes creen que el Santo Profeta Muhammad (la paz y las bendiciones de Al’lah sean con él) es el más grande y el Sello de todos los profetas, habiendo sido enviado no a una sola nación sino a todas las naciones y por lo tanto a toda la humanidad.
5. El Día del Juicio Final (Yaumidin)
Una de las creencias más enfatizadas en el Sagrado Corán es la creencia en el Día del Juicio. El islam enseña que la muerte física no es el final de la existencia del hombre, sino la puerta a una forma de vida superior que puede acercarnos a Al’lah, dependiendo de nuestras acciones en esta vida. Según el Sagrado Corán, el Día del Juicio finalizará todo el universo y los muertos resucitarán. Sus actos serán juzgados y serán recompensados en consecuencia. Aquellos con buenos antecedentes merecerán el Cielo, mientras que aquellos con malas acciones serán castigados en el Infierno. No se aceptará ninguna intercesión, cada alma será recompensada según lo que gane. Sin embargo, el Infierno es una condición temporal y eventualmente sus habitantes lo abandonarán.
El Mesías Prometido (la paz sea con él) ha explicado la vida en el más allá de esta manera:
“El Sagrado Corán ha afirmado repetidamente que la vida después de la muerte no es un fenómeno nuevo y que todas sus manifestaciones son reflejos de esta vida. También ha afirmado que en el Más Allá todas las condiciones espirituales de este mundo se manifestarán físicamente, tanto en el estado intermedio como en la resurrección. Además, ha subrayado que en el Más Allá habrá un progreso ilimitado. En resumen, según el Sagrado Corán, tanto el infierno como el cielo son reflejos de la vida del hombre, y no son algo nuevo que venga de fuera,… y no serán sino reflejos de las condiciones espirituales del hombre en esta vida”. (La filosofía de las enseñanzas del islam)
6. El Decreto Divino (Taqdir)
Los musulmanes creen que el Decreto Divino controla el resultado final de todas las acciones en este universo. Es la ley o medida de una cosa con respecto a su crecimiento y desarrollo. En el Sagrado Corán, el término se explica como una ley universal de Al’lah que actúa en toda la creación, extendiéndose por todo el universo. (Véase Sagrado Corán 87:1-4). Dentro de los límites del Decreto Divino, el hombre tiene libre albedrío.
Otras creencias importantes de los musulmanes
Aparte de las seis creencias fundamentales ya mencionadas, hay muchas otras creencias importantes en el islam. Algunas de ellas son
- Los musulmanes creen que toda persona nace inocente y libre de pecado. Sólo cuando alcanza la madurez de entendimiento y puede distinguir entre el bien y el mal, se hace responsable de sus actos.
- Los musulmanes creen que Al’lah no hace responsable a nadie a menos que le haya mostrado el camino correcto. Al’lah siempre ha enviado mensajeros y revelaciones antes de infligir Su castigo a las personas.
- Los musulmanes deben seguir su fe con razonamiento y comprensión, no ciegamente. Una persona debe usar sus poderes de razonamiento y reflexionar en su corazón sobre las enseñanzas de Al’lah.
LOS CINCO PILARES DEL ISLAM
Los cinco pilares del islam representan los principales actos de culto necesarios para practicar la fe. La observancia y práctica de estos actos es obligatoria para todos los musulmanes. Son los siguientes:
1. Declaración de fe (Kalima Shahadah)
Este es el primer y principal pilar del islam y de él se derivan todas las demás creencias. El creyente declara su aceptación del islam recitando:
“Ash-hadu al’la ilaha ilAl’lahu wa ash-hadu anna Muhammadan abduhu wa rasuluh”.
Atestiguo que no hay más dios que Al’lah y atestiguo que Muhammad es Su siervo y Su mensajero.
2. Oración (Salat)
La oración es el medio básico y más importante por el que el hombre se comunica con Al’lah y se acerca a Él. Su importancia no puede enfatizarse lo suficiente. El concepto islámico de la oración es un derramamiento directo del alma por parte del suplicante ante la Majestad Divina. El islam no necesita ni tolera intermediarios entre Dios y el hombre. La oración trae solaz y consuelo a la mente y el alma humanas, elevándolas de un estado humilde a alturas insuperables. El islam también asegura al creyente que sus oraciones serán escuchadas. El Sagrado Corán dice:
“Cuando Mis siervos te pregunten por Mí, di: Estoy cerca. Respondo a la oración del suplicante cuando Me reza. Que Me escuchen y tengan fe en Mí, para que sigan el camino recto”. (2:187)
La oración también libra al creyente de la esclavitud del pecado y purifica el corazón. El Sagrado Corán dice:
“Recitad lo que se os ha revelado del Libro y observad la Oración. Ciertamente, la Oración le aparta a uno de la indecencia y del mal manifiesto, y ciertamente el recuerdo de Al’lah es la mayor virtud.” (29:46)
La forma más importante de oración en el islam es el salat, la oración ritual diaria. El salat se prescribe cinco veces al día, con horarios fijos para cada oración. El cumplimiento del salat con todos sus rituales prescritos es el mandato más repetido del Sagrado Corán. Las cinco oraciones diarias de salaat son:
- Por la mañana (Fayr). Esta oración debe ofrecerse por la mañana aproximadamente una hora antes de la salida del sol. Está prohibido rezar mientras sale el sol, porque puede dar la impresión de que se está adorando al sol.
- Mediodía (Zuhr). El momento para esta oración es a primera hora de la tarde, comenzando con la caída del sol hasta media tarde.
- Tarde (Asr). La oración se reza al final de la tarde, pero no más tarde de media hora antes de la puesta del sol.
- Atardecer (Maghrib). Esta oración debe realizarse poco después de la puesta de sol. No debe rezarse mientras el sol se está poniendo.
- Noche (Isha). La oración de Isha debe rezarse al anochecer, cuando está oscuro. Puede rezarse hasta la medianoche.
Estas oraciones deben realizarse a sus horas apropiadas y preferiblemente en congregación. Sin embargo, si es imposible ofrecer las oraciones de la tarde a sus horas apropiadas, está permitido combinar las oraciones del Zuhr y del Asr. Las oraciones del Magreb y de la noche también pueden combinarse si es necesario. Para más información sobre el salat en la vida diaria, véase el capítulo 4.
Además del salat que es obligatorio para los creyentes, los musulmanes pueden ofrecer oraciones voluntarias (nawafil). La más importante es el tahayyud, que literalmente significa dejar de dormir. Se ofrece durante la última parte de la noche, y el tahayyud se menciona específicamente en el Sagrado Corán como muy beneficioso para el desarrollo espiritual del hombre y un método para acercarse a Al’lah. (Véase Sagrado Corán, 17:79). Se dice que el Santo Profeta (la paz y las bendiciones de Al’lah sean con él) se levantaba regularmente después de medianoche y pasaba casi la mitad de la noche rezando el tahayyud.
El islam también ofrece oraciones para cada necesidad y ocasión. Otra forma de oración es el recuerdo de Al’lah a lo largo del día (Zikre-illahi). Recordar a Al’lah y reflexionar sobre Sus atributos nos acerca a Él. Además, un musulmán puede rezar en silencio a Al’lah en cualquier momento. Esto se conoce como dua.
Para más información sobre la forma, las partes y la postura del salat, véase el Libro de oraciones musulmán o la cinta de vídeo sobre el salat.
3. Ayuno durante el Ramadán (Saum)
El tercer acto de adoración en el islam es el ayuno durante el mes islámico de Ramadán por parte de todos los musulmanes adultos capaces. Mediante el ayuno, el musulmán puede purificarse espiritual y físicamente, elevar su alma y acercarse a Al’lah. Ayunar significa abstenerse de comer, beber, fumar y mantener relaciones conyugales desde el amanecer hasta la puesta del sol. El sacrificio de las necesidades físicas aumenta la conciencia del musulmán respecto al sufrimiento de los pobres y necesitados. El Ramadán fue designado por Dios para este ejercicio espiritual. Fue el mes durante el cual el Sagrado Corán fue revelado por primera vez al Santo Profeta (la paz y las bendiciones de Al’lah sean con él).
El Sagrado Corán exime del ayuno a los ancianos, los enfermos crónicos y los niños. Pueden compensar el ayuno alimentando a los pobres. Se permite una exención temporal a los que viajan, a los enfermos, a las mujeres embarazadas y lactantes y a las que están menstruando. Se espera que recuperen los ayunos más adelante.
Como esfuerzo adicional, los musulmanes dedican el mayor tiempo posible a la recitación del Sagrado Corán y a reflexionar sobre sus significados.
4. Impuesto sobre la riqueza (Zakat)
El Zakat es el cuarto pilar del islam, que podría denominarse más apropiadamente la purificación de la riqueza. Es una especie de impuesto que obliga al musulmán a renunciar a una cierta cantidad de sus posesiones (tasa del 2% anual) para el mantenimiento de los pobres y de los que no tienen capacidad de ganarse la vida; para los indigentes; para los viajeros necesitados; para los que sirven en el camino del islam, para los que luchan en el camino de Al’lah; para que los esclavos compren su libertad; y para obras de beneficencia. El importe varía según el tipo de propiedad. El impuesto puede recaer sobre la tierra, el ganado y los activos líquidos (oro, plata, acciones y bonos, etc.).
5. Peregrinación (Hayy)
El Hayy, quinto pilar del islam, es la peregrinación a La Meca que todo musulmán sano y con medios debe realizar al menos una vez en la vida. Se trata de una elaborada serie de ritos religiosos que se prolongan durante varios días para su cumplimiento, realizados en la Sagrada Kaaba en La Meca (Arabia) y otros lugares sagrados especiales. El elemento central de esta peregrinación es la Kaaba, que los musulmanes consideran la primera casa construida para el culto de un Dios único. Fue reconstruida por el Profeta Abraham (la paz sea con él) y su hijo Ismael, y más tarde por el Santo Profeta mismo. El Santo Profeta (la paz y las bendiciones de Al’lah sean con él) realizó esta peregrinación en persona. Los registros históricos muestran que los profetas anteriores al Santo Profeta (la paz y las bendiciones de Al’lah sean con él) también realizaron la peregrinación.
El Hayy sirve como recordatorio de la Unicidad de Al’lah y pone de relieve la hermandad y la igualdad de los seres humanos, así como la importancia de la voluntad del hombre de sacrificarse por su Creador.
LA LEY ISLÁMICA / JURISPRUDENCIA (FIQAH)
La fiqah o sharia se refiere a las leyes religiosas que guían a los musulmanes en la práctica de su vida cotidiana. Las fuentes de la ley islámica son tres: el Sagrado Corán, la Sunna y los Hadices.
El Sagrado Corán
El Sagrado Corán es la Sagrada Palabra de Al’lah transmitida al Santo Profeta Muhammad (la paz y las bendiciones de Al’lah sean con él) por revelación divina, a lo largo de 23 años. Es la escritura sagrada del islam que abre el camino verdadero y perfecto hacia la salvación. Contiene un código completo de enseñanzas y leyes adecuadas a las necesidades de cada época y proporciona los medios para el desarrollo espiritual y moral de toda la humanidad, así como el remedio para sus males. El Sagrado Corán explica el verdadero propósito de la existencia del hombre, que es adorar y servir a Al’lah, su Creador, y acercarse a Él.
El Sagrado Corán está organizado en capítulos y versículos. Hay ciento catorce capítulos. Un capítulo se denomina “sura”; cada uno tiene un nombre específico y un número variable de versículos. Los versículos se llaman “ayah”. Las citas del Sagrado Corán se indican con el número del capítulo seguido del número del versículo. Con el fin de completar el Corán durante el mes sagrado de Ramadán, se ha dividido en treinta partes.
La Práctica del Santo Profeta (Sunnah)
La Sunnah es la transformación de las leyes y enseñanzas del Sagrado Corán en acción por parte del Santo Profeta Muhammad (la paz y las bendiciones de Al’lah sean con él). Al demostrar la Palabra de Dios de forma práctica, simplificó los problemas de la vida cotidiana. Fue el ejemplo perfecto del modo de vida de un verdadero creyente; un modelo perfecto para sus seguidores y para toda la humanidad.
Los Dichos del Santo Profeta (Hadith)
Hadiz significa las palabras pronunciadas por el Santo Profeta (la paz y las bendiciones de Al’lah sean con él), o palabras que describen un incidente relacionado con su vida. Los hadices, que abarcan todos los aspectos de las enseñanzas y la filosofía islámicas, fueron narrados por sus compañeros más cercanos y recopilados para beneficio de sus seguidores y la posteridad. Existen muchas recopilaciones de hadices. Sin embargo, seis se consideran las más genuinas y auténticas. Se trata de las compilaciones de Bujari, Muslim, Tirmidhi, Abu Daud, Ibn Mayah y Nisai.
EL SANTO PROFETA MUHAMMAD
El Santo Profeta Muhammad (la paz y las bendiciones de Al’lah sean con él) fue el más grande de los profetas de Al’lah, y el último de los profetas portadores de la ley. El Sagrado Corán, el último Libro revelado de Al’lah, le fue revelado al Santo Profeta Muhammad en un periodo de 23 años. Fue enviado por Al’lah como mensajero a toda la humanidad, como se afirma en el Sagrado Corán:
“Te hemos enviado como mensajero a toda la humanidad. Al’lah es Testigo suficiente”. (4:80)
Nacido en el año 570 d.C. en La Meca, Arabia, y huérfano a una edad muy temprana, Muhammad (la paz y las bendiciones de Al’lah sean con él) creció hasta la madurez mostrando cualidades tan sobresalientes de veracidad, integridad y piedad que llegó a ser conocido en todo el país como el Digno de Confianza (Al Ameen). Cuando, a la edad de cuarenta años, fue llamado a la Profecía por Al’lah, inmediatamente dedicó su vida al servicio de Al’lah y a la difusión universal del islam. Tras soportar trece años de sufrimiento inimaginable a manos de los enemigos de la incipiente religión, el Profeta y sus seguidores abandonaron La Meca. Bajo la guía divina, emigró a Medina, donde se estableció la primera comunidad musulmana (Ummah). Durante los diez años siguientes, los enemigos del Santo Profeta continuaron sus esfuerzos por acabar con la nueva fe y sus seguidores, pero fracasaron por completo. El islam se extendió rápidamente, y cuando el Santo Profeta regresó a La Meca diez años después de su migración, lo hizo triunfante con diez mil seguidores. Muhammad (la paz y las bendiciones de Al’lah sean con él) perdonó a quienes se le habían opuesto y continuó propagando las enseñanzas del islam por todas partes. En el momento de su muerte, en el año 632 d. C. en Medina, el islam se había extendido por toda Arabia.
El Santo Profeta (la paz y las bendiciones de Al’lah sean con él) dejó dos legados a la humanidad: el Sagrado Corán, a partir de cuyas enseñanzas se estableció la religión del islam; y su vida, que se erige como el modelo perfecto para todos aquellos que buscan acercarse a su Creador. Demostró a la perfección todas las fases de la vida del hombre: un modelo para jóvenes y ancianos, para padres e hijos; para amigos, parientes y vecinos; para gobernantes y ciudadanos, y para comandantes y santos. Los seguidores de otros profetas han proclamado que son hombres modelo, pero sólo el Santo Profeta (la paz y las bendiciones de Al’lah sean con él) se proclamó modelo para toda la humanidad. Sólo él tenía una proclamación Divina que lo declaraba como tal. Al’lah dice en el Sagrado Corán:
“Tenéis en el Mensajero de Al’lah un excelente ejemplar, para aquel que espera encontrarse con Al’lah y el Último Día, y que recuerda mucho a Al’lah”. (33:22).
SUCESORES (JALIFAS)
La palabra “Jalifa” significa sucesor, vicegerente, sustituto o adjunto. El Sagrado Corán menciona tres tipos de Jalifa:
- Jalifas de Al’lah, que son profetas como Hazrat Adam y Hazrat Daud (2:31).
- Profetas que son Jalifas de otro profeta mayor, como los profetas israelitas, que eran Jalifas de Moisés. (5:45)
- Jalifas no profetas de un Profeta, con o sin poderes temporales, como las personas piadosas instruidas en la Ley. Su misión es proteger y preservar la Ley para que no sea alterada. (24:56)
Tras la muerte del Santo Profeta (la paz y las bendiciones de Al’lah sean con él), el tercer tipo de Jilafat fue establecido por Al’lah. Fue conocido como el Jilafat-e-Rashida (el Jilafat justo). La misión de estos Jalifas era proteger la Ley y devolver a la gente al camino recto. Los signos y características especiales de estos Jalifas son:
- Son nombrados Jalifas por Decreto de Dios en el sentido de que los corazones de los creyentes se inclinan hacia ellos y los aceptan voluntariamente como sus Jalifas.
- La religión a la que su misión es servir se establece firmemente a través de sus oraciones y esfuerzos misioneros;
- Disfrutan de una paz de espíritu en medio de dificultades, privaciones y persecuciones que nada puede perturbar; y
- Adoran sólo a Dios, es decir, en el desempeño de sus grandes responsabilidades no temen a nadie y llevan a cabo sus deberes impávidos ante las dificultades que encuentran en su camino.
El Jalifa debe fortificar la organización espiritual creada por él y protegerla de los enemigos del islam. Sólo una persona cuya vida fuera similar a la del Santo Profeta en términos de espiritualidad, piedad y conocimiento podía ser nombrado su Jalifa. En consecuencia, Hazrat Abu Bakr, el compañero más cercano del Santo Profeta (la paz y las bendiciones de Al’lah sean con él), fue nombrado su primer sucesor. A Hazrat Abu Bakr le siguieron otros tres compañeros cercanos y dignos: Hazrat Umar, Hazrat Usman y Hazrat Ali. Estos cuatro Jalifas son conocidos como los “sucesores rectamente guiados” (Julafae Rashidin). Tras el fallecimiento de Hazrat Ali, surgieron muchas facciones entre los musulmanes y el nombramiento del jalifa se convirtió en una sucesión dinástica de las familias gobernantes.
La institución del Jilafat fue restaurada a su posición anterior en este siglo tras la muerte del Mesías Prometido (la paz sea con él), con todas las condiciones divinamente ordenadas que acompañaron al Jilafat Justo. (Véase más adelante en este capítulo).
LAS SECTAS EN EL ISLAM
Cualquiera que lea un periódico o escuche los medios de comunicación hoy en día es consciente de que existen muchos grupos islámicos diferentes en todo el mundo musulmán. Estos grupos, conocidos como sectas, difieren entre sí en la interpretación de algunas creencias islámicas y en su práctica.
El desarrollo de las sectas dentro del islam comenzó muy pronto en la historia islámica. De hecho, tras la muerte del Santo Profeta (la paz y las bendiciones de Al’lah sean con él) y el nombramiento del primer Jalifa, Hazrat Abu Bakr, las diferencias en la comunidad comenzaron a aflorar casi de inmediato. Estas diferencias y desacuerdos aumentaron hasta tal punto que la unidad de la comunidad islámica se vio amenazada. De hecho, en treinta años, los seguidores del islam se escindieron y separaron en dos sectas diferentes. Estas son:
Los suníes
Esta es la principal secta de musulmanes en la actualidad. Alrededor del 85% de los musulmanes del mundo son suníes. Aceptan la autoridad de los Julafae Rashidin (los sucesores rectamente guiados) y siguen de cerca la costumbre y la práctica (sunnah) del Santo Profeta (la paz y las bendiciones de Al’lah sean con él). Se adhieren a la ley islámica (sharia) tal y como la interpretan los cuatro juristas e imams más conocidos: Malik bin Anas, Abu Hanifa, Muhammad bin Idris al Shafi y Ahmad bin Hanbal.
Los chiíes
Los chiíes forman una facción separada, originada en su creencia de que sólo Hazrat Ali era el sucesor legítimo del Santo Profeta (la paz y las bendiciones de Al’lah sean con él). Hazrat Ali era primo y también yerno del Santo Profeta, y los chiíes creen que esta relación de sangre sólo daba derecho a Ali y a sus descendientes a heredar el “manto” espiritual del Santo Profeta (la paz y las bendiciones de Al’lah sean con él). Repudian a los otros tres Julafae Rashidin.
El Santo Profeta (la paz y las bendiciones de Al’lah sean con él) predijo tales divisiones entre sus seguidores y, de hecho, ahora hay setenta y tres sectas en el islam. Algunas sectas importantes y su relación con las dos sectas mayoritarias son:
Corrientes suníes del islam:
Ahle Sunnat
Ahle Hadith
Wahabíes
Áhmadis
Corrientes chiítas del islam:
Zaydis
Twelvers
Setenteros Nizaris (ismailíes)
Mustalis (Bohras)
AHMADÍAT
Ahmadíat es una secta del islam, y no una nueva religión. Es, de hecho, el renacimiento del islam. Se trata de un movimiento, totalmente dentro del islam, fundado por Mirza Ghulam Ahmad de Qadian (India) en 1889. Él proclamó ser el Mesías y Mahdi, cuya venida había sido anunciada por el Santo Profeta (la paz y las bendiciones de Al’lah sean con él). Sus seguidores se llaman musulmanes Áhmadis.
Los musulmanes Áhmadis siguen estrictamente la religión ortodoxa del islam y no han añadido ni quitado nada en lo que respecta a las creencias fundamentales y los actos de culto. La distinción más importante entre los Áhmadis y los demás musulmanes es la aceptación por parte de los Áhmadis de Mirza Ghulam Ahmad (la paz sea con él) como el Mesías Prometido, y su misión divina de revivir la fe en Al’lah, el Santo Profeta (la paz y las bendiciones de Al’lah sean con él) y el Sagrado Corán.
Los musulmanes Áhmadis tienen el mismo tipo de entusiasmo por el islam que los primeros seguidores del Santo Profeta (la paz y las bendiciones de Al’lah sean con él). Están consagrados al servicio del islam y a la difusión de sus enseñanzas por todo el mundo. Los Áhmadis creen que la misión del Mesías Prometido era también limpiar el islam de los errores y las costumbres supersticiosas que se habían introducido a lo largo de catorce siglos, y practican el islam tal y como se practicaba en tiempos del Santo Profeta (la paz y las bendiciones de Al’lah sean con él).
Hay tres áreas en las que las creencias de los musulmanes Áhmadis difieren de las de otros musulmanes suníes. Estas son como siguen:
La interpretación de la finalidad de la profecía de Hazrat Muhammad
En el Sagrado Corán (véase 33:41), Al’lah otorgó el título de “Jatamun-Nabiyyin” (el Sello de los Profetas) al Santo Profeta (la paz y las bendiciones de Al’lah sean con él). Los musulmanes no áhmadis interpretan el versículo en el sentido de que no puede haber profeta de ningún tipo después de Hazrat Muhammad (la paz y las bendiciones de Al’lah sean con él), que la puerta de la revelación se ha cerrado para siempre y que Al’lah nunca volverá a hablar directamente a Sus siervos.
Los musulmanes Áhmadis, por el contrario, creen que Al’lah se revela y habla a Sus seres creados y seguirá haciéndolo hasta el fin de los tiempos. Los Áhmadis interpretan el “Sello de los Profetas” como una marca de distinción que implica una gran perfección de la profecía. Creen que la profecía continuará, pero que nunca habrá un nuevo profeta portador de la ley después del Santo Profeta (la paz y las bendiciones de Al’lah sean con él). Cualquier profeta que venga después de él debe ser su seguidor y, por lo tanto, proceder del redil del islam. Esto es lo que el Santo Profeta (la paz y las bendiciones de Al’lah sean con él) profetizó, cuando predijo la venida de Isa ibn Maryam de entre sus seguidores para rejuvenecer el islam en los últimos días. Los Áhmadis creen que esta profecía se ha cumplido con la venida del Mesías Prometido. Los musulmanes no Áhmadi también creen en esta profecía, pero aún esperan su cumplimiento.
La ascensión de Jesucristo a los cielos
Las diferencias entre los musulmanes Áhmadis y los no Áhmadis con respecto a Jesús (la paz sea con él) son bastante significativas. Muchos no Áhmadis creen que Jesús nunca fue puesto en la cruz y que su lugar fue ocupado por alguien que se le parecía. Según ellos, Jesús fue elevado físicamente a los cielos, donde espera su regreso a la Tierra como segundo advenimiento.
Los Áhmadis creen que Jesús fue puesto en la cruz, pero no murió en ella. Estaba inconsciente cuando lo bajaron de la cruz, a la que había estado clavado sólo unas horas. Fue atendido por sus compañeros y luego viajó hacia el este, a Cachemira, una provincia del norte de la India. Allí cumplió su verdadera misión: predicar a las tribus perdidas de Israel. Murió de muerte natural a una edad considerablemente avanzada y su tumba se encuentra en Srinigar, Cachemira, India.
La venida del Mesías Prometido
Todos los musulmanes creen que en los últimos días aparecerá un Reformador (Mesías y Mahdi) y restaurará la religión del islam a su antigua gloria. Hay muchos Hadices que se refieren a la venida del Reformador, y presentan signos de su advenimiento. En los hadices se hace referencia a este Reformador con diversos títulos, como “Mesías”, “Mahdi” y “Jesús, hijo de María”.
Los musulmanes no Áhmadis han adoptado la creencia de que, como Jesús no murió sino que ascendió corporalmente al cielo, regresará como Mesías en los últimos días del islam. También proclaman que el Mahdi (que según ellos es una persona diferente y pertenecería al redil del islam) difundirá el islam con una espada y hará la guerra a todos los que no crean.
Los musulmanes Áhmadi rechazan esta interpretación. Creen que Jesús ya ha muerto, como todos los mortales, y por tanto no puede regresar. Interpretan el segundo advenimiento de Jesús (la paz sea con él) como un acontecimiento espiritual, similar a la segunda venida de Elías, como explicó el propio Jesús. Al igual que Juan el Bautista vino cumpliendo la profecía de la segunda venida de Elías, Mirza Ghulam Ahmad (la paz sea con él) ha venido cumpliendo la profecía del segundo advenimiento de Jesús (la paz sea con él). Los Áhmadis creen que el Mahdi y el Mesías son la misma persona, y esa persona es Hazrat Mirza Ghulam Ahmad de Qadian. Vino a revitalizar la religión del islam y su espada fue su pluma, con la que afirmó la verdad y la superioridad del islam.
A Hazrat Ahmad (la paz sea con él) se le llamó “Jesús, hijo de María” debido a las muchas similitudes en sus misiones: ninguno de los dos fue un profeta legislador; Jesús siguió a Moisés (la paz sea con él) después de 1.400 años y vino a revitalizar el judaísmo, mientras que la misión de Hazrat Ahmad era revitalizar las enseñanzas del Santo Profeta (la paz y las bendiciones de Al’lah sean con él) después de 1.400 años; ambos fueron rechazados por los eruditos de su fe; y ambos hicieron hincapié en los “yamali”, es decir, los aspectos más suaves del Islam. Es decir, los aspectos más suaves de su religión.
EL MESÍAS PROMETIDO, HAZRAT MIRZA GHULAM AHMAD
Hazrat Mirza Ghulam Ahmad (la paz sea con él) fue el fundador del Movimiento Ahmadía en el islam y el Mesías Prometido de los últimos tiempos. Nacido en 1835 en Qadian (India), su vida reflejó en gran medida la del Santo Profeta (la paz y las bendiciones de Al’lah sean con él). Desde muy joven fue aclamado por su veracidad, piedad e integridad. Su conocimiento del islam y su devota defensa del mismo frente a todos los críticos eran famosos. Sin embargo, cuando en 1889 declaró ser el Mesías Prometido bajo la guía divina, los que le habían venerado ahora le atacaron. Impertérrito, continuó con su proclamación de ser el Mesías tal y como había sido predicho por el Santo Profeta (la paz y las bendiciones de Al’lah sean con él), y las profecías del Sagrado Corán y la Biblia. De hecho, cumplió todas las profecías existentes sobre el advenimiento de un reformador en los últimos días. También recalcó que su propósito al ser designado por Al’lah era dar nueva vida a la religión del islam, que se había contaminado y corrompido con el paso de los siglos, y establecer su supremacía sobre todas las demás religiones. No trajo nuevas enseñanzas, pero fue el más devoto seguidor y sirviente del Santo Profeta (la paz y las bendiciones de Al’lah sean con él).
El Santo Profeta (la paz y las bendiciones de Al’lah sean con él) había dicho:
“Juro por Quien tiene poder sobre mi alma, que llegará un tiempo en que el hijo de María aparecerá entre vosotros. Será un juez justo y romperá la cruz y destruirá a los cerdos y pondrá fin a una guerra”.
Este hadiz ha sido cumplido por Hazrat Ahmad (la paz sea con él). Rompió la cruz demostrando que Jesús murió de muerte natural y que las doctrinas cristianas de la Expiación y la Trinidad carecen de fundamento. Destruyó a los “cerdos” al fundar El Movimiento Áhmadi, cuyos miembros han jurado llevar una vida pura y sencilla y mantenerse alejados de todos los vicios. Su misión era mostrar las bellezas del islam por medios pacíficos, mediante discusiones eruditas, argumentos y escritos, no por la espada. Con este fin escribió más de ochenta libros durante su vida, en cuatro idiomas diferentes.
Hazrat Mirza Ghulam Ahmad (la paz sea con él) murió en 1908, dejando tras de sí una comunidad de miles de personas, que ahora se ha multiplicado por millones en todo el mundo y que continúa con su misión.
El Jilafat después del Mesías Prometido
La institución del Jilafat (sucesores) se restableció tras la muerte del Mesías Prometido siguiendo la misma tradición que los Julafae Rashidin (los Sucesores Justos). Hasta el día de hoy ha habido cuatro Jalifas. En la actualidad, el Jefe Supremo del Movimiento Ahmadía es Hazrat Mirza Tahir Ahmad (que Al’lah le fortalezca), que fue elegido para el cargo por el Colegio Electoral. Es nieto del Mesías Prometido.
Para más información sobre el Jilafat de la Ahmadía, véase el capítulo 7 de este libro.
LA UNIVERSALIDAD DEL ISLAM Y LOS MALENTENDIDOS RESPECTO AL ISLAM
Este capítulo ha intentado ofrecerle un breve esbozo de las creencias y principios básicos de un musulmán. Desgraciadamente, los medios de comunicación occidentales presentan a menudo el islam de forma errónea y crean una imagen de fundamentalistas rígidos y fanáticos. Esto, por supuesto, está muy lejos de la verdad. El islam es una religión universal. Pretende ser el verdadero camino hacia Dios para todos los pueblos, para todos los tiempos.
El concepto de universalidad en una religión exige que supere no sólo las fronteras geográficas y nacionales, sino también las fronteras del tiempo. Sólo el islam puede hacer esta proclamación, porque es una religión cuyas enseñanzas están relacionadas con la psique humana, es decir, con su alma y su espíritu. El islam subraya que cualquier religión que tenga sus raíces en la psique humana trasciende el tiempo y el espacio. Como la psique humana es inmutable, la religión que está estrechamente relacionada con ella también lo es. En otras palabras, por mucho que la humanidad progrese materialmente, las necesidades psicológicas del hombre seguirán siendo las mismas, y el islam siempre tendrá los medios para satisfacerlas. La universalidad del islam se demuestra de muchas maneras y en diferentes niveles:
Aceptación de todas las enseñanzas
El islam es la única religión que acepta las enseñanzas anteriores y a sus portadores como procedentes de Dios. Sin embargo, estipula que estas enseñanzas han sido alteradas y ya no se puede confiar en ellas como verdadera guía. El islam enseña que el Sagrado Corán incorpora en sí mismo los verdaderos significados de estas enseñanzas anteriores, y que su propia integridad siempre estará custodiada por el propio Al’lah. Esta aceptación e incorporación de otras escrituras hace del islam una religión verdaderamente universal.
Ninguna compulsión en la religión
Para que una religión sea verdaderamente universal, tiene que atraer a personas de todas las naturalezas y culturas. Por lo tanto, no puede ser una enseñanza que se imponga a los demás. El islam no permite el uso de la fuerza para difundir su mensaje. El Sagrado Corán dice:
“No debe haber coacción en la religión. Ciertamente, lo correcto se ha distinguido de lo incorrecto…..”. (2:257).
La palabra “yihad” se interpreta a menudo como “hacer la guerra santa”. En realidad, significa “un esfuerzo”. La yihad islámica no consiste en matar y ser matado, sino en esforzarse por conseguir la complacencia de Dios. La forma más elevada de yihad es la lucha del hombre con su propia alma para librarla de vicios y ataduras al mundo material, y elevar su espíritu para alcanzar la cercanía a Al’lah. Otro tipo de yihad puede adoptar la forma de predicación y difusión de las enseñanzas del islam por medios pacíficos. Un tercer tipo de yihad es la defensa del islam contra la agresión no provocada y el intento de destruir físicamente el islam por parte de sus enemigos.
La igualdad de todas las peraonas
El islam lleva consigo un fuerte mensaje de hermandad e igualdad del hombre. Este es un ingrediente esencial de la universalidad. El islam enseña el amor por todas las cosas. El Santo Profeta (la paz y las bendiciones de Al’lah sean con él) dice:
“Quien es bondadoso con la creación, Dios es bondadoso con él; por tanto, sed bondadosos con el hombre en la tierra, sea bueno o malo; y ser bondadosos con los malos, es apartarlos de la maldad”.
El islam enseña que, a los ojos de Al’lah, todos los hombres son iguales, independientemente de su raza, condición o riqueza. Él sólo los juzga por sus buenas acciones. El último sermón del Santo Profeta (la paz y las bendiciones de Al’lah sean con él) contiene estas hermosas palabras:
“¡Oh hombres! vuestro Dios es Uno y vuestro antepasado es uno. Un árabe no posee superioridad sobre un no árabe, ni un no árabe sobre un árabe. Un blanco no es en modo alguno superior a un rojo, ni tampoco un rojo a un blanco, sino sólo en la medida en que cumple con su deber para con Dios y los hombres. El más honrado de vosotros a los ojos de Dios es el más justo de vosotros”.
“Oh hombres, lo que os digo debéis oírlo y recordarlo. Todos los musulmanes son como hermanos entre sí. Todos sois iguales. Todos los hombres, cualquiera que sea su posición en la vida, son iguales”.
Mientras decía esto, el Profeta levantó las manos y juntó los dedos de una mano con los de la otra y luego dijo:
“Así como los dedos de las dos manos son iguales, los seres humanos son iguales entre sí. Nadie tiene ningún derecho, ninguna superioridad que proclamar sobre otro. Sois como hermanos… Lo que os ordeno hoy no es sólo para hoy. Es para siempre. Se espera que lo recordéis y actuéis en consecuencia hasta que dejéis este mundo y vayáis al siguiente a encontraros con vuestro Hacedor.”
Usted puede convertirse en musulmán
La Comunidad Musulmana Ahmadía le invita a conocer el proceso de volverse en un musulmán áhmadi y así conseguir la salvación.





