Parte del libro “El Islam y su respuesta a las cuestiones actuales” por Hazrat Mirza Tahir Ahmad (ra)
Prohibición de la bebida y el juego
Cuando se habla de adicción se piensa generalmente en las drogas. Existe otra connotación de la adicción en un sentido más amplio, que raras veces se asocia con la palabra adicción. Me refiero a la consideración social ante ciertas formas de placer, como son la bebida y el juego, ninguno de los cuales promete nada bueno para la paz y el bienestar de la sociedad.
El juego está reglamentado en casi todos los países desarrollados del mundo. Pero incluso en algunos países del Tercer Mundo, donde no está reglamentado a escala tan amplia, se puede encontrar el juego a todos los niveles como una ocupación individual de ratos libres. La bebida es la segunda adicción en la que las sociedades del mundo han caído presas.
El Santo Corán prohíbe tanto el juego como la bebida:
¡Oh vosotros, los que creéis! Las bebidas embriagadoras, el juego de azar, los ídolos y las flechas de la suerte, no son más que una abominación de las obras de Satanás. Absteneos, pues, de cada una de ellas, para que prosperéis. Satanás solo busca crear enemistad y odio entre vosotros mediante las bebidas embriagadoras y los juegos de azar, y apartaros del recuerdo de Al-lah y de la Oración. ¿)No os vais, pues, a abstener? (C.5: Al-Maida: 91,92)
El Santo Profeta, (la paz y bendiciones de Dios sean con él), declaró que la bebida era:
“La Madre de Todos los Males”
Los dos vicios están tan extendidos y son tan universales en su naturaleza que es difícil trazar una línea divisoria. Desde el punto de vista político, Oriente y Occidente posiblemente no se fusionen nunca, pero en su gran inclinación hacia el juego y la bebida, el Este y el Oeste, el Norte y el Sur ya se han unido.
Tanto la bebida como el juego son males socioeconómicos. La suma que se invierte en la bebida en un solo día en Gran Bretaña, es suficiente para alimentar a las multitudes acosadas por el hambre en África durante muchas semanas. A pesar de todo, en los países más empobrecidos de África y de otros continentes la bebida no se considera un lujo que la gente no pueda adquirir. Habiendo fracasado en proveer las necesidades básicas de la existencia y la educación a los niños, hay millones de africanos que aun tienen acceso al consumo del alcohol. En la indigente parte sur de la India, donde es imposible crear una planta de producción de vino, sirve como substituto un ponche hecho en casa. Sin embargo, es cierto que la pobreza frena, hasta cierto punto, la propagación de “la madre de todos los males”.
Mientras aumenta la renta per cápita, lo mismo ocurre con los gastos en la bebida. Hasta que uno no se vuelve alcohólico a nadie parece preocuparle excesivamente.
Podría argumentarse por qué razón deben la bebida y el juego considerase problemas del mundo contemporáneo cuando, en realidad, son tan antiguos como la propia historia de la humanidad. Sin duda, el alcohol y el juego han existido en todas las épocas y lugares del mundo; no obstante, por su naturaleza intemporal, pueden ser considerados como problemas de todas las épocas.
Desde el punto de vista de la economía, el juego es más perjudicial que la bebida. En el juego, el dinero cambia de manos sin impulsar la rueda de la economía, pues el dinero se intercambia por dinero sin el esencial intercambio de mercancías en los mercados monetarios. En el juego, el dinero cambia de manos sin participar en el proceso de desarrollo económico y producción de riqueza. Mientras que en los mercados monetarios existe algún fin económico, el juego no sirve prácticamente a ningún fin. Bajo el libre comercio y en un entorno industrial, el dinero no cambia de manos sin servir a la economía de una forma material. En la industria y el comercio, el intercambio de valores es beneficioso, en la mayoría de los casos, para todos los que participan. Es inconcebible que la mayoría de los comerciantes sufran pérdidas como norma, mientras que en el juego, por regla general, la gran mayoría de participantes sufren pérdidas, la mayor parte de las veces. Por ejemplo, pocos casinos van a la quiebra. La ganancia de unos pocos implica que cientos de miles de personas tengan que padecer. La única compensación que reciben a cambio del dinero que pierden es la emoción y la sensación de suspense, hasta que empiezan a comprender que han perdido su apuesta; a continuación, empiezan a hacer nuevas apuestas para recuperar sus pérdidas, hasta que la tensión y el estrés superan al placer de la emoción que reciben a cambio. La angustia y la amargura dejan de ser un asunto personal del individuo, puesto que empiezan a repercutir en sus relaciones familiares. En los sectores más empobrecidos de la sociedad las necesidades cotidianas de los miembros de la familia han de ser sacrificados ante el altar del juego. El Santo Corán, a la vez que prohíbe la bebida y el juego, reconoce que existen ciertamente algunos beneficios parciales derivados de ambos, pero que, sin duda alguna, el perjuicio supera siempre a la ventaja.
Te preguntan sobre el vino y los juegos de azar. Diles: “En ambas cosas hay un gran perjuicio y también algunas ventajas para los hombres, pero su perjuicio es mayor que sus ventajas”. Y te preguntan también sobre lo que deben gastar. Diles: “Lo que podáis ahorrar”. Así hace Al-lah sus mandamientos claros para vosotros a fin de que podáis reflexionar” (C.2: Al-Baqarah: 220)
Se podría argumentar que la obtención de placer a través del dinero que uno gana no incumbe a los demás: que cada uno disfrute como le plazca. La sociedad no tiene derecho a interferir en la libertad del individuo hasta el punto de indicarle donde ha de gastar sus ganancias.
Pero se ha de tener presente que la mayor parte de las enseñanzas religiosas consisten en amonestaciones y advertencias. Las medidas de coacción aquí en la tierra no tienen cabida en las enseñanzas de religión alguna, a menos que se cometan crímenes específicos contra los demás, crímenes reconocidos incluso desde un punto de vista no religioso. El asesinato, robo, fraude, corrupción y usurpación de derechos entran en esta categoría. Sin embargo, existen otros crímenes sociales que, según las religiones, son venenosos para la sociedad en su conjunto. Sin embargo, la pena para tales crímenes no se impone a nivel individual: lo padece la sociedad en su conjunto. Son las leyes sociales, más liberales, las que aprueban la sentencia.
El consentimiento a la bebida y el alcohol no tarda en convertirse en un desenfreno para toda la sociedad, pero ello no constituye una sorpresa.
Además, estas sociedades se hacen cada vez más costosas de mantener. Se despilfarra una parte considerable de la riqueza nacional. En este clima aumenta la frustración. Los delitos van de la mano con el alcohol y el juego. Las miserias y tragedias de muchos hogares donde se destruye la paz familiar, son la consecuencia directa y creciente de la bebida y el juego. Muchos hogares destrozados y matrimonios deshechos son su resultado directo.
El alcoholismo conlleva graves consecuencias negativas económicas y sociales, estudiadas y publicadas recientemente por la revista Scientific American. Aparte de la violencia doméstica, se producen abusos de niños, incestos y violaciones debidas a la supresión de las inhibiciones bajo la influencia del alcohol.
Estadísticas de Mortalidad:
- Disminución de 10 años en la expectativa de vida de los alcohólicos.
- Doble promedio de mortalidad en hombres y tres veces el promedio en las mujeres.
- Seis veces más suicidios entre alcohólicos
- El alcohol es la factor principal de las cuatro primeras causas de mortalidad en el hombre entre los 25 y 44 años: accidentes (50%) homicidios (60%), suicidios y cirrosis alcohólica.
Pérdidas económicas por año:
- Pérdidas materiales: 14.9 billones de dólares
- Costes Sanitarios: 8.3 billones de dólares
- Perdidas por accidente: 4.7 billones de dólares
- Perdidas por incendio: 0.3 billones de dólares
- Coste de crímenes violentos: 1.5 billones de dólares
- Coste de la respuesta social a lo anteriormente expuesto: 1.9 billones de dólares
- Coste total por el abuso del alcohol: 31.6 billones de dólares.
La bebida, el juego, la música, la danza y otras formas de placer se consideran normalmente como actividades de entretenimiento inocente por la mayoría de las sociedades del mundo. Se presentan como partes esenciales de las diferentes culturas. Aunque varía la forma de expresión de una sociedad a otra, los rasgos básicos permanecen iguales. Salvo la escultura, la pintura, etc. la mayoría de las actividades antes mencionadas no siguen perdurando como inocentes rasgos de la cultura, sino que se convierten en tiranos que en ocasiones sobrecargan y rompen la columna vertebral de la sociedad. La sociedad deja de ser dueña de su destino y no controla su curso. La bebida, el juego, la música, el baile etc. comienzan a atraer la atención creciente de la gente. La velocidad a la que capturan a los jóvenes no tarda en convertirse en una estampida.
Observando tales sociedades, uno llega a creer que la búsqueda de placeres vanos y la sumisión total a los deseos sensuales, es, en realidad, el objeto último de la creación del hombre.
Según el Islam esto no es así:
En la creación de los cielos y de la tierra y en la sucesión de la noche y el día hay, sin duda, signos para los hombres sensatos. Que se acuerdan de Al-lah cuando están de pie, sentados y tumbados sobre su costado, y meditan en la creación de la cielos y la tierra. Dicen: Señor vuestro, tú no has creado esto en vano, no, Santo eres Tú; sálvanos, pues, del castigo del fuego (C.3: Al-Imran: 191-192)
Esta es la declaración que el Santo Corán atribuye a los sabios siervos de Al-lah que, tras meditar sobre el misterio de la creación y de la vida, exclaman espontáneamente que sea cual sea el propósito de la creación, no es ciertamente la vanidad.
Estos versículos del Santo Corán nos recuerdan la inmensa expresión de júbilo de Arquímedes cuando exclamó: ¡Eureka!
Así pues, existen dos entornos totalmente diferentes. Según el Santo Corán, el ser humano ha sido creado para alcanzar la noble finalidad de seguir el camino que conduce a su Creador. En este amplio significado de la adoración, el Santo Corán afirma:
No he creado al hombre y al yinn sino para que me adoren (C.51: Al Dhariyat: 57)
Si examinamos cada forma de obtener placer, es posible que no se encuentren excesivos males en cada uno de ellos para justificar su total prohibición. Particularmente, en las sociedades libres del mundo, es difícil que la gente comprenda por qué el Islam es tan puritano hasta el punto de parecer árido. El Islam no es en absoluto árido ni aburrido aunque pueda parecerlo a distancia. Ante todo, los que adquieren el gusto por el bien, también aprenden a sacar un placer sublime de actos que pueden parecer de color gris al extraño. En segundo lugar, los más afortunados de entre quienes experimentan el verdadero amor de Dios, transcienden a un estado de sublimidad en el que los placeres mundanos les parecen demasiado bajos, miserables, insignificantes y transitorios. En tercer lugar, en su sentido más amplio, una sociedad que no se entrega a la persecución de los placeres no se queda con las manos vacías al final del día. En su análisis final, se trata sólo de un intercambio de valores: la excitación, los estimulantes, las experiencias sensuales intensas y los éxtasis explosivos se truecan por la paz, la tranquilidad, el equilibrio, el sentido creciente de seguridad, la nobleza y la alegría, que como recompensa per sé es la más noble de todas las recompensas.
Cuando ambos entornos y ambientes sociales se comparan en conjunto, no es en absoluto difícil de comprender que el árbol del amor y la devoción a Dios, raras veces puede echar raíces en el entorno materialista de una sociedad amante de la diversión. Hay excepciones sin duda, pero la excepción no hace la regla. Los dos ambientes son muy diferentes.
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