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La Justicia Económica según el Capitalismo, el Socialismo y el Islam.

Parte del libro “El Islam y su respuesta a las cuestiones actuales” por Hazrat Mirza Tahir Ahmad (ra)

La paz socio-económica

Y los que emplean sus riquezas para buscar el placer de Al-lah y fortalecer sus almas son semejantes a un jardín sobre un terreno elevado. Basta que la lluvia abundante caiga sobre él para que se dupliquen sus frutos. Y si no cae sobre él un fuerte aguacero, le basta con una lluvia ligera. Y Al-lah ve lo que hacéis. (C. 2: Al-Baqarah: 266)

Se ha hecho hermoso para los hombres el amor por las cosas deseadas: mujeres e hijos, montones atesorados de oro y plata, caballos que pastan, rebaños y culti­vos. Esas son las provisiones para esta vida; pero es junto a Al-lah donde se encuentra una morada excelen­te. (C. 3: Al-Imrán: 15)

Introducción 

El Islam también ofrece consejos en las áreas donde se unen las esferas sociales y económicas. De llevarse a cabo en la práctica estas enseñanzas, se transformarían nuestros anocheceres y albas en crepúsculos de excepcional belleza.

La justicia económica según el capitalismo, el socialismo y el islam.

La justicia económica es un hermoso slogan. Aunque se ha intentado monopoli­zar por parte de algunos, excluyendo a otros, el slogan es común tanto a la sociedad capitalista de economía de mercado libre, como a la doctrina social científica del materialismo dialéctico: ambos hablan de justicia. Pero, con las debidas disculpas, lamento afirmar que ambas han fracasado en hacer plena justicia al principio de oro de la justicia económi­ca; pero hablaremos de ello más adelante.

El concepto islámico de justicia absoluta es totalmente predominante y extenso. Abarca todos los aspectos de la enseñanza islámica. Pero no es eso todo, sino que el Islam da un paso más.

En el socialismo científico, se intenta nivelar el suelo económico de forma tan perfecta que no quede ningún altibajo. Si se riega, este suelo recibirá su parte por igual. No se plantea demanda alguna por parte de los que no tienen, ni amenaza a los poseedores por parte de los menos afortunados de la sociedad, de que les “roben” a la fuerza su “riqueza exceden­te”.

En la sociedad capitalista, se habla más de la igualdad de oportunida­des, de terrenos igualitarios y de economías libres que de una distribución equitativa de la riqueza. De esta forma, se crea siempre un espacio para la demanda de derechos y la creación de grupos de presión como los sindicatos, etc. que buscan conseguir lo máximo del gobierno u otros capitalistas a favor del empleado y el obrero, que viven siempre con un sentimiento de privación.

Si se llevase a cabo de una manera ideal el socialismo científico, ningún sector de la sociedad sentiría en lo sucesivo la necesidad de plantear exigencias, pues tal sociedad sería, o bien lo suficientemente rica para distribuir equitativa­mente la riqueza nacional de acuerdo con sus necesidades, o bien tan pobre, al fracasar en satisfacer sus necesidades, que haría que cada miembro de la sociedad compartiera su miseria por igual. En ambos casos, se convertiría en una sociedad en la que las demandas ya no tendrían ningún papel significati­vo que jugar.

El sistema capitalista, por otra parte, está orientado hacia la demanda. Debe otorgarse a los sectores menos afortunados de la sociedad el derecho a expresar su insatisfacción y una oportunidad libre para ser escuchados: de ahí se deriva la necesidad de formación de grupos de presión, huelgas, lucha industrial, cierres o paros patronales etc.

El Islam trata de crear una actitud por la que a los gobiernos y a los ricos se les recuerde constantemente que deben establecer un sistema económico justo en pro de su propio interés definitivo. También se les exhorta constantemen­te a que miren por los derechos ajenos. No deben negarse al débil o al pobre sus derechos económicos fundamentales, tales como la libertad de escoger una profesión, la igualdad de acceso a las oportunidades y a los requerimien­tos básicos de la existencia. La falta de esta actitud especial ya ha causado mucha miseria, dolor y desorden en la historia de la lucha humana por la superviven­cia. Por eso el Islam da mayor énfasis en “dar” que en “tomar” o “mantener”. Los gobiernos y los ricos deben velar continua­mente para que un sector de la sociedad no quede privado de su derecho humano fundamental a vivir decentemente. Un Estado islámico auténtico hubiera sentido esta necesidad y adoptado las medidas adecuadas para su realización. Antes de que el dolor se convierta en gritos y protestas y antes de que la necesidad amenace la paz y el orden, debe ser retirada la causa del agravio y satisfecha la necesidad.

Aparentemente, en este aspecto, el Islam comparte su carácter con la sociedad socialista, pero, de hecho, la similitud es solamente superficial. El Islam alcanza dicha meta pero no a través de los métodos de coacción prescritos por el socialismo científico.

El tiempo no me permite describir con detalle la forma en que el Islam intenta alcanzar esta meta elevada, pero podemos mencionar brevemente que el modo como el Islam enfoca esta cuestión no es un modo exánime ni mecánico, como la filosofía del materialismo dialéctico. El sistema socialista islámico permanece profundamente arraigado a las leyes innatas de la psique humana.

Entre otras cosas, el Islam crea un entorno en el que la demanda de derechos para uno mismo da paso al respeto de los derechos de los demás. El nivel de conciencia y sensibili­dad ante el sufrimiento de los otros seres humanos se eleva a tal grado, que los miembros de la sociedad en su conjunto se sienten más preocupados de lo que deben a la sociedad, que de lo que la sociedad les debe a ellos.

“Dad al obrero más de lo adeudado “es una continua exhortación del Santo Profeta a sus seguidores.” Pagadle su salario antes de que el sudor se le haya seca­do”. “No impongáis tareas a vuestros empleados, tareas que no podáis realizar vosotros mismos”. “En la medida de lo posible, alimentad a vues­tros criados con lo mismo que alimentáis a vuestra familia. Proporcionadles ropas simila­res”. “No transgredáis contra el débil de forma alguna, o seréis responsables ante Dios”. “Para que no sucumbáis al falso orgullo, ofreced asiento a vuestros sirvientes, de vez en cuanto, en la misma mesa que ocupáis vosotros y servidles.” (Varios Hadices)

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