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La Moral Islámica

Parte del libro, “Una Introducción al Islam

CAPÍTULO IV: La moral islámica

Algunos escritores occidentales han afirmado que la moral islámica es peligrosa para el individuo porque está llena de ese espíritu de obediencia y sumisión pasiva a la Divinidad, que está implícito en el propio nombre del islam. Un hombre, se argumenta, que ante el Todopoderoso tiene tal sentido de dependencia de Él y se pone tan completamente en sus manos, renunciando a su propio libre albedrío, no puede tener el mismo impulso de hacer el bien que aquel que siente que está ante Dios como dueño absoluto de su propia conciencia.

Antes de intentar presentar los elevados conceptos éticos que iluminan las almas de los seguidores de Muhammad, responderemos a esta acusación con las palabras de un erudito europeo, Goldziher:

“… ¡Como si la conciencia, tan fuerte en el musulmán, de estar sometido a una ley divina inflexible, o su fe en la trascendencia de Dios, fueran obstáculos que le impidieran acercarse a Dios a través de la fe, la virtud, las buenas acciones, y ser acogido en su misericordia! Como si el esquematismo filosófico de las religiones pudiera modificar las cualidades de la devoción interior de aquel que adora por completo y que, consciente de su debilidad y de sus impulsos, eleva humildemente su espíritu hacia la fuente omnipotente de toda fuerza y perfección, ¡Como quiera!”.

El islam no sólo no fue un obstáculo para la perfección moral, sino que, al poseer en sí mismo una fuerza eficaz dirigida hacia las buenas acciones, logró, antes que otras religiones, educar y elevar a los hombres hacia Dios. El islam tuvo éxito porque no se preocupaba menos por la responsabilidad moral de sus miembros que otras religiones monoteístas, cuyos profetas Muhammad reconocía como sus maestros, sino que en ciertos aspectos se preocupaba aún más que ellas. Esto porque contaba con la debilidad humana y exhortaba a sus creyentes hacia ideales a su alcance. Las mismas virtudes que el judaísmo y el cristianismo presentan como el fin supremo de la vida moral del hombre, no sólo se exponen, sino que incluso se prescriben como ideales en el islam. Es el caso de los ideales de misericordia hacia todas las criaturas, comprensión, perdón, sencillez, idoneidad en los contactos sociales, aceptación de las desgracias, etc. Se pueden encontrar por miles las declaraciones coránicas que hacen hincapié en las buenas acciones, pero como no podemos dedicar demasiado tiempo a este capítulo, presentaremos algunas de ellas seleccionadas al azar:

Mas ¿Qué te haría conocer lo que es el ascenso? Es la liberación de un esclavo, O proveer alimento en un día de hambre. A un pariente huérfano, O a un pobre reducido a la mi­seria. (Surah 90, versículos 13-17)

Os advierto, pues, de un Fue­go llameante. Nadie entrará en él salvo el más perverso. Que rechaza la verdad y da la espalda. Mas el justo será mantenido lejos de él, Aquél que da sus bienes para purificarse. Y no debe favor a nadie, que deba ser devuelto, Excepto que entrega su rique­za para buscar el agrado de su Señor, el Altísimo. Y Él pronto se sentirá com­placido con él. (Sura 92, versículos 15-22)

Y dan de comer, por amor a Él, al pobre, al huérfano y al prisionero. Diciendo; “Os damos de comer sólo por agradar a Al’lah. No deseamos ni recompensa ni vuestro agradecimiento”. (Sura 76, versículos 9-10)

Y rivalizad mutuamente pidiendo el perdón de vuestro Señor, y pidiendo el paraíso cuya recompensa son los cielos y la tierra, preparado para los temerosos de Dios.

Los que gastan en la prosperidad y en la adversidad, y los que reprimen su cólera y perdonan a los hombres; pues Al’lah ama a los que hacen el bien. (Surah 3, Versículos 134-135)

La piedad no consiste en que volváis vuestros rostros a Oriente o a Occidente, el verdaderamente justo es aquel que cree en Al’lah y en el Último Día, y en los ángeles y en el Libro y en los Profetas, y otorga su dinero por amor a Él a los parientes y a los huérfanos, al necesitado y al viajero, y a los que piden por caridad; y para el rescate de los cautivos; y quien cumple la Oración y paga el Zakat; y los que cumplen su promesa cuando la hacen, y el paciente en la pobreza y en la desgracia, y el constante y firme en tiempo de guerra; éstos son quienes se han mostrado veraces y quienes sienten temor de Dios. (Surah 2, Versículo 178)

Y ayudaos mutuamente en justicia y piedad; pero no en el pecado y la trasgresión. Y temed a Al’lah; en verdad, Al’lah es severo en el castigo. (Surah 5, Versículo 3)

El islam subraya el valor de las buenas acciones, que son consecuencia de la piedad humana hacia el prójimo, al igual que subraya la compasión de Dios. El huérfano, el pobre, el humilde, el desafortunado – todos son protegidos con la prontitud más preocupada. El islam declara que la fraternidad y la caridad son las dos piedras angulares de la sociedad musulmana. Esto fue un gran logro si comparamos los días del islam con los del paganismo. Como vemos en numerosos pasajes del Corán, la clase dirigente de plutócratas, en su orgullo y avaricia, despreciaba y oprimía a los pobres; la mala fe estaba continuamente presente en cualquier tipo de transacción comercial, y no se daba importancia al más elemental de los deberes hacia el prójimo.

Citaremos sólo dos de los muchos versículos que tratan de la justicia:

Juzga pues entre los hombres con justicia, no sigas los vanos deseos, no sea que se aparten del camino de Al’lah. (Sura 38, versículo 27)

En verdad, Al’lah os ordena devolver lo depositado a sus propietarios y que, cuando juzguéis entre hombres, lo hagáis con justicia. (Surah 4, Versículo 59)

Cada uno puede juzgar por sí mismo el profundo sentido de humanidad que inspira el siguiente pasaje del Corán:

Tu Señor ha ordenado: “No adoréis a nadie sino a Él, y mostrad bondad a vuestros padres. Si uno o los dos alcanzan la ancianidad contigo, no les digas nunca ninguna palabra que exprese disgusto ni les reproches, mas bien dirígete a ellos con palabras amables.

Y haz descender sobre ellos el ala de la humildad y de la ternura. Di: “Señor mío, ten misericordia de ellos al igual que ellos me criaron en mi niñez”. (Sura 17, versículos 24-25)

También hay algunos versículos en el Corán que recuerdan la enseñanza evangélica a la que a menudo se refieren los cristianos como una carga de la moralidad de su religión:

Rechaza el mal con lo que es mejor. (Surah 23, Versículo 97)

Podríamos continuar con citas del Corán, todas ellas de un tipo muy noble, pero creemos que puede ser valioso mencionar una doctrina que es un aliciente más poderoso para la práctica de la virtud que cualquier exhortación. A saber, la doctrina de que esta vida terrenal lleva en sí la semilla de la futura. Que cualquier buena acción en esta vida le ayudará a uno a alcanzar la felicidad suprema en la próxima. Que para acercarse al Todopoderoso es necesaria la pureza de corazón y la honestidad de las obras, y que a cada uno se le presentarán, cuando esté frente a Dios, los resultados de sus esfuerzos.

Entonces, quien haya hecho el peso de un átomo de bien, lo verá, Y quien haya hecho el peso de un átomo de mal, lo verá también. (Surah 99, Versículos 8-9)

En verdad, Al’lah no es injusto con nadie ni en el peso de un átomo. Y si se realizan buenas obras, Él las multiplica y concede por Su parte una magnífica recompensa. (Surah 4, Verse 41)

Por otra parte, se reservan castigos terribles y muy dolorosos para los malvados y los malhechores. El juicio final se presenta en colores de fuego. Dios, el juez supremo del universo, pedirá a los buenos que abandonen el mundo destruido y se unan a Él en el corazón de su misericordia, mientras que arrojará al abismo ardiente de la Gehenna a todos aquellos que no prestaron atención a las amonestaciones de los profetas.

Es necesario, aquí, refutar otra acusación que plantean los no creyentes, la de que el islam ha prometido a sus seguidores un paraíso sensual con las huríes de ojos de gacela, ríos de leche y miel, frutas deliciosas, vegetación lujosa, y una escala graduada de placeres altamente materiales. Tales acusaciones olvidan que a los hijos del desierto no les era posible comprender las promesas de disfrute de premios espirituales altamente enrarecidos. Para ellos, era necesario dar una descripción realista del paraíso, casi tangible, con palabras sencillas. Sólo más tarde, cuando hubieran alcanzado niveles espirituales más elevados, habría sido posible hablar a los beduinos en términos de adorar a Dios con humildad y amor. Sin embargo, es una calumnia de alto rango decir que Muhammad y sus seguidores se tomaron al pie de la letra estas descripciones realistas, ya que desde el principio encontraron en ellas un significado más profundo del que la descripción podía mostrar. A saber, que la mayor felicidad estaría, según Al-Ghazali, en las visiones embellecidas del alma en presencia del Todopoderoso, cuando la cortina que separa al hombre de Dios sea finalmente echada a un lado y la gloria celestial aparezca en todo su resplandor.

Para apoyar una concepción similar del paraíso, una tradición dice: “Los más favorecidos por Dios serán aquellos que verán la gloria de Dios de día y de noche y disfrutarán de una felicidad tan superior a todos los placeres del cuerpo como el océano es superior a una gota de sudor”.

¿Cómo juzgará entonces el Todopoderoso los actos de Sus siervos? ¿Lo hará basándose en alguna norma externa, o según sus consecuencias? No. El Corán afirma claramente que Dios se fija en la intención y el motivo, la niyya, con los que se realizaron las acciones, y ésta es la base para una evaluación espiritual de las acciones. Afirma que la observancia estricta de la ley, si no va acompañada de actos de misericordia y caridad, tendrá poco valor ante Dios, y que una motivación egoísta o hipócrita restará todo valor a una buena acción. Ya hemos visto el mismo concepto cuando hablábamos de las formalidades en las prácticas del culto. Ahora lo vemos repetido de nuevo respecto a las obras del creyente. El culto tiene que ser “puro”.1 Además, debe proceder de la “sensatez” y “rectitud” de corazón.2

La hipocresía y el orgullo se atacan tan vigorosamente en esta religión que en ciertos puntos se tratan como una forma leve de politeísmo. Según algunos escritores, los hombres que actúan por estos motivos asocian en realidad la idea de Dios con el deseo de ganar consideración entre los demás hombres.

Al igual que otras religiones, el islam da una explicación a un viejo problema que sigue desconcertando a la mente humana, a saber, por qué los malvados parecen gozar de los favores de la fortuna mientras que los buenos son a menudo golpeados por grandes desgracias. El islam enseña que Dios concede a los rebeldes, tiranos, e injustos, un período de espera que puede llegar incluso hasta su muerte. Pero llegará el momento en que Él recompensará y castigará. Enseña que, a través de las desgracias, Dios pone a menudo a prueba a Sus siervos para poner de manifiesto el espíritu de resignación con el que se someten humildemente a Sus designios, diciendo: “Pertenecemos a Dios y volveremos a Él.”

La tradición musulmana nos aporta una definición muy bella de la misericordia y la caridad, unida a una definición muy delicada de los conceptos morales. Es bien sabido que las líneas del Corán, que tomadas por sí solas no habrían bastado para regular toda la vida humana en sus diversas contingencias, han sido continuadas, completadas, y llevadas a cumplimiento por una masa de dichos tradicionales que se remontan al Profeta. Poco importa si con respecto a algunos de estos dichos se plantea la cuestión de la autenticidad y de la antigüedad. Incluso si concedemos que no todos se remontan al propio Muhammad, la mayoría encarnan el espíritu de la antigua comunidad musulmana que había fundido en sí misma el verdadero espíritu del islam, y nos traen los conceptos y las aspiraciones de esa comunidad. El lector puede juzgar de la belleza y el significado de los siguientes dichos tradicionales:

El que acaricie la cabeza de un huérfano recibirá en el día de la resurrección una luz extra por cada cabello que su mano haya tocado.

Para cada casa hay una llave; la llave del paraíso es el amor a los pequeños y a los pobres.

Nadie es creyente si no desea para su hermano lo que desea para sí mismo.

Pero el dicho más inclusivo de todos es el del viejo vagabundo que se convirtió al islam:

El Profeta me ha dado una exhortación séptuple:

  1. Ama a los pobres y estate cerca de ellos;
  2. Mira siempre a los que están por debajo de ti y nunca hacia los que están por encima;
  3. No pidas nunca nada a nadie;
  4. Sé siempre devoto de tus padres, aunque te molesten;
  5. Di siempre la verdad aunque sea amarga;
  6. No dejes que los insultos te alejen del camino de Dios;
  7. Repite a menudo-“no hay fuerza ni poder fuera de Dios” – porque esto es una parte del tesoro que está escondido bajo el trono de Dios.

Cuando, más adelante, el misticismo entre en el islam, se pondrá ante el alma humana un ideal aún más elevado: que la perfección del hombre y la felicidad del hombre residen en el esfuerzo por imitar las cualidades de Dios y comprender la verdadera esencia de Sus atributos.3

De los dichos tradicionales surge otra doctrina que da una reputación distintiva al islam. Dios no limita Su misericordia únicamente al hombre, sino que también mira a los animales con amor y ternura. La vida de los animales está para Él en pie de igualdad con la del hombre, de lo que se deduce que, si el hombre no quiere invocar la ira divina, debe tener consideración por los animales. Debe procurar siempre que se les dé de comer y beber, y que tengan el sustento y el descanso necesarios.

El islam, mientras que, a través del Corán y la Sunna, muestra al hombre el camino hacia la virtud, no olvida las necesidades de la naturaleza humana, como tampoco ignoró las debilidades del hombre cuando estableció las prácticas del culto. Cuando el islam da al hombre una perspectiva moral a la que puede recurrir en su desesperación, no va más allá de los límites de la realidad, ni presenta un ideal de virtud que sería inalcanzable salvo para los pocos elegidos. Por el contrario, establece principios de vida saludables que demuestran en su aplicación ser de una practicabilidad genuina y admirable. Al presentar un modelo de integridad y honradez, no se aparta de la ley de la vida, sino que se mantiene cercana a la naturaleza humana y toma en consideración la justa aspiración a una felicidad honesta. Lejos de crear una diferencia entre la vida religiosa del individuo y su comportamiento en el mundo, mira hacia la creación de una sociedad en la que el hombre sea al mismo tiempo miembro de ella y devoto servidor de Dios.

Según los musulmanes, la mejor manera que tiene el hombre de expresar su agradecimiento a Dios es hacer buen uso de lo que Dios le ha concedido. Aprovechar las cosas buenas que Dios ha puesto a disposición de todos, no es sólo una posibilidad sino, diremos, un deber. Esto es si no hay en estas cosas buenas nada que pueda ser peligroso para el propio individuo o para su prójimo. El Corán dice:

En cuanto a los que creen y hacen buenas obras, no pecarán por lo que coman, siempre y cuando teman a Dios, crean y hagan buenas obras, y de nuevo: teman a Dios y crean, y una vez más: teman a Dios y practiquen el bien. Pues Al’lah ama a quienes hacen el bien. (Surah 5, versículo 94)

Diles: “¿Quién ha prohibido las galas de Al-lah que Él produjo para Sus siervos, y las cosas buenas que Él proporciona?”. (Surah 7, versículo 33)

La tradición es el apoyo más sólido para una concepción sana de la vida. Aquí repetimos lo que ya dijimos cuando hablamos de las tradiciones que contienen los conceptos morales más elevados. ¿Qué importa si alguien plantea la cuestión de la autenticidad? El mundo musulmán acepta hoy estos dichos tradicionales como verdaderos y en su mayoría sigue sus instrucciones.

Una famosa tradición dice: “No hay monasticismo en el islam”.4

De hecho, al islam no le interesa el ascetismo con su inútil mortificación de la carne, sus privaciones innecesarias, así como sus continuos ayunos y noches pasadas en oración. En lo que respecta al matrimonio, la tradición islámica no pide más que una vida honesta y constructiva en la que el individuo siga el camino del medio, acordándose de Dios por un lado y respetando, por otro, los derechos y las necesidades del cuerpo, la familia, y la sociedad.

El Profeta dijo:

El mejor entre ustedes no es el que olvida la vida después de la muerte para disfrutar de la presente, ni el que hace lo contrario; el mejor entre ustedes es el que toma de ambas.

A un joven demasiado ferviente le dijo:

Tu cuerpo tiene sus derechos, tu esposa tiene sus derechos, y tu invitado tiene sus derechos.

Al que un día le pidió consejo sobre la limosna, le dijo:

Da un tercio porque un tercio ya es suficiente. Es mejor dejar a tus descendientes provistos que obligarles a ir a mendigar.

El celibato estricto es objeto de severas críticas en el islam y va en contra de las costumbres establecidas por Muhammad. A un árabe que seguía una vida célibe de este tipo, Muhammad, según la tradición, le dirigió este amargo reproche:

“¿Has decidido convertirte en un hijo de Satanás? ¿Quieres ser como un monje cristiano? Si es así, entonces preséntate abiertamente y asóciate con ellos. ¿O eres uno de los nuestros? Si es así, entonces tienes que seguir nuestro camino. Nuestro camino es la vida conyugal”.

Las limitaciones al disfrute de la vida que el islam ha impuesto a sus seguidores son pocas, son iguales para todos, y muestran una gran sabiduría. Hoy en día, cuando en el mundo occidental se libra una dura batalla contra el alcoholismo, y cuando el Occidente intenta limitar el juego mediante prohibiciones y limitaciones, ¿puede alguien culpar al islam de haber cerrado de un golpe estas dos “puertas del peligro”, estas causas de corrupción tanto del espíritu como de la riqueza? El ahorro es una virtud en palabras del Corán, pero esto no es suficiente. Leemos en el libro sagrado la prohibición del juego y de ganar dinero cobrando intereses por los préstamos. ¿No diría usted que la sabiduría de Dios brilla en esta represión de las ganancias ilegales?

Los hombres sienten la necesidad de una religión, pero al mismo tiempo quieren que responda a sus necesidades y que no sólo sea cercana a sus sentimientos, sino que ofrezca tranquilidad y seguridad tanto para la otra vida como para ésta. El islam responde perfectamente a estos requisitos, ya que no es sólo un credo sino también una filosofía de vida. Enseña a pensar de forma educada, a actuar correctamente, y a hablar con honestidad. Es por estas razones se abre camino sin dificultad tanto en la mente como en el corazón del hombre.

Usted puede convertirse en musulmán

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Notas a Pie de Página

  1. Surah 98, versículo 3
  2. Surah 26, versículo 90 y Surah 22, versículo 33
  3. Esto también se basa en un dicho del Profeta: " Equípense con los atributos de Dios".
  4. Así lo establece el Corán en el siguiente versículo:

    Entonces hicimos que Nuestros Mensajeros siguieran sus pasos; e hicimos que Jesús, hijo de María, los siguiera, entregándole el Evangelio. Y pusimos en los corazones de los que lo aceptaron, compasión y misericordia. Pero la vida monástica que innovaron no es lo que les prescribimos. (Surah 57, Versículo 28).

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