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El Modo Islámico de Gobierno.

Parte del libro “El Islam y su respuesta a las cuestiones actuales” por Hazrat Mirza Tahir Ahmad (ra)

El estudio me ha revelado con toda claridad que el Sagrado Corán trata el tema de gobierno, sin hacer ninguna distinción, en absoluto, entre un estado musulmán y uno no musulmán.

Las instrucciones sobre cómo debiera gobernarse un estado son comunes a la humanidad, aunque es a los creyentes a quienes primero se dirige el Sagrado Corán. El Sagrado Corán habla de un modo de gobierno igualmente aplicable a hindúes, sijs, budistas, confucionistas, cristianos, judíos y musulmanes, etc.

La esencia de esta instrucción está contenida en el versículo citado anteriormente y en otros versículos similares que citamos ahora.

Pero no, por tu Señor, no serán creyentes mientras no te hagan juez de todo lo que les separa y no encuentren en sus corazones objeción alguna a lo que tú decidas y se sometan con plena sumisión (C. 4. Al-Nisa: 66).                 

¡Oh vosotros, los que creéis! Sed firmes en observar la justicia, actuando de testigos en nombre de Al-lah, aunque sea contra vosotros mismos, vuestros padres y familiares. Sea rico o pobre, Al-lah está más atento a ambos que vosotros. No sigáis pues los bajos deseos para que podáis actuar con equidad. Y si ocultáis la verdad o la eludís, recordad que Al-lah conoce muy bien todo lo que hacéis (C. 4. Al-Nisa: 136).

Las Tradiciones del Santo Profeta del Islam sa son muy claras en este tema. El considera que todo gobernante y cualquiera con autoridad sobre otros, debe responder directamente ante Dios por el modo en que trata a sus súbditos o a aquellos bajo su autoridad. Pero como ya se han discutido antes estas cuestiones no necesitamos tratarlas más.

La esencia de este estudio es que el Islam propone un gobierno central completamente neutral en el que los asuntos de modo de gobierno son comunes e igualmente aplicables a todos los súbditos del estado y no se permite que las diferencias religiosas jueguen ningún papel en él.

El Islam aconseja con certeza a los musulmanes a seguir la norma de la ley en todos los asuntos mundanos.

 ¡Oh vosotros, los que creéis! Obedeced a Al-lah, a Su Mensajero y a los que tienen autoridad sobre vosotros. Y si disputáis respecto a cualquier asunto, sometedlo a Al-lah y al Mensajero, si sois creyentes en Al-lah y en el Último Día. Esto es al final lo mejor y más recomendable (C. 4. Al-Nisa: 60).

Pero en lo que concierne a las relaciones entre el hombre y Dios, es esta un área exclusiva de la religión en la que el estado no tiene derecho a interferir. Hay total libertad de mente y corazón en los asuntos de creencia y profesión de fe. Es un derecho fundamental del hombre, no sólo creer en lo que le plazca sino también adorar a Dios o a los ídolos según le dicten su religión o sus creencias paganas.

Según el Islam, por lo tanto, ni la religión tiene derecho a interferir en áreas exclusivas del estado, ni el estado tiene derecho a interferir en áreas comúnmente compartidas. Los derechos y responsabilidades están tan claramente definidos en el Islam, que se obvia cualquier posible cuestión de conflicto. Ya se han citado muchos versículos referentes a este tema en la sección que trata de la paz religiosa.

Desgraciadamente, existe la tendencia en muchos estados seglares a extender, en ocasiones, el dominio de secularización más allá de sus fronteras naturales. Lo mismo es cierto en los estados teocráticos o en los estados indebidamente influenciados por una jerarquía religiosa.

Aunque se simpatice con ellos, se pueden entender hasta cierto grado los puntos de vista desproporcionados de los estados gobernados por fanáticos religiosos. Pero cuando se observa una similar actitud tan inmadura en los así llamados pueblos avanzados y de mente abierta de los países seglares, resulta difícil de creer. No es ésta la única cosa difícil de entender en el comportamiento político del hombre.

Mientras que la política permanezca rígidamente ligada al interés nacional y contribuya a su filosofía, no puede existir tal cosa como la moralidad absoluta. Mientras que las actitudes políticas estén gobernadas por prejuicios nacionales, y la verdad, la honestidad, la justicia y el juego limpio se descarten cada vez que entren en colisión con el supuesto interés nacional, y mientras que esta siga siendo la definición de lealtad al propio estado, el comportamiento político del hombre seguirá siendo dudoso, controvertido y siempre paradójico.

El Sagrado Corán menciona las responsabilidades del gobierno y del pueblo. Algunas de estas responsabilidades ya se han mencionado en los anteriores apartados de esta conferencia: la provisión de alimento, vestido, refugio y necesidades básicas de los ciudadanos; los principios de ayuda internacional; la responsabilidad del gobierno y el pueblo; su interacción; la justicia absoluta; y la sensibilidad por los problemas del pueblo, de modo que no tenga que alzar su voz en demanda de sus derechos.

En un verdadero sistema islámico de gobierno, es responsabilidad del gobierno estar atento para que el pueblo no tenga que recurrir a huelgas, lucha industrial, manifestaciones, sabotajes u otros modos de queja, para obtener sus derechos.

El Sagrado Corán afirma:

Y si temes la traición de un pueblo que ha pactado contigo, devuélveles su pacto con equidad, de manera que no ocasione perjuicios. En verdad, Al-lah no ama a los traidores (C. 8. Al-Anfal: 59).

Los que gobiernan no deben hacerlo de tal forma que se promueva el desorden, el caos, el sufrimiento y el dolor, sino que deben trabajar con diligencia y eficacia para establecer la paz en todas las esferas de la sociedad.

O, ¿quién responde a la persona afligida cuando Le invoca, le libra del mal y os convierte en sucesores en la tierra? Existe acaso algún dios fuera de Al-lah? Qué poco es lo que reflexionáis (C. 27. Al-Naml: 63).

Relaciones internacionales: el principio de justicia absoluta igualmente aplicable a todos.

Incluso los políticos y los hombres de estado de hoy necesitan de las enseñanzas islámicas. Es una fe cuya piedra angular en los asuntos internacio­nales es la justicia absoluta.

 ¡Oh vosotros, los que creéis! Sed perseverantes en la causa de Al-lah en calidad de testigos justos; y que la enemistad de un pueblo no os incite a actuar con injusticia. Sed siempre justos porque eso está más cercano a la piedad. Y temed a Al-lah. En verdad, Al-lah es consciente de lo que hacéis. (C. 5. Al-Maidah: 9).

No puedo afirmar haber leído todo sobre todas las principales religiones del mundo, pero tampoco soy completamente ignorante respecto a sus enseñanzas. Sin embargo, durante mis estudios, no he logrado encontrar un precepto similar al del versículo anterior en las diferentes escrituras sagradas. Incluso la mención de las relaciones internacionales es rara. Si se encontrara también una enseñanza similar en otra religión, puedo asegurarles que el Islam estaría en total acuerdo con dicha enseñanza, porque en ella subyace la clave de la paz del mundo.

El mundo en general está hoy preocupado por las perspectivas futuras de paz mundial. Los cambios trascendentales del mundo socialista que están marcando la época actual y las relaciones entre las superpotencias, cada vez mejores, ofrecen un viso de esperanza. El mundo está de un humor exultante. El consenso general de opinión entre los políticos principales, parece ser extremadamente optimista, incluso eufórico, ante el probable éxito de los cambios revolucionarios y trascendentales de que estamos siendo testigos hoy día.

El Occidente, en particular, parece estar excesivamente confiado y jubiloso. Se está haciendo cada vez más difícil para los americanos contener su júbilo ante lo que consideran una victoria de “grandslam” sobre el hemisferio comunista, una victoria contemplada por algunos como la del bien sobre el mal y de lo verdadero sobre lo falso.

Estará fuera de lugar analizar en detalle la actual situación geopolítica y su resultado. Probablemente dedique unas cuantas horas a este tema en la conferencia Anual de la Comunidad Musulmana Ahmadía en el Reino Unido a finales de julio de este año (1990).

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