El Corán: El equilibrio entre el perdón y la justicia
وَجَزٰٓؤُا سَیِّئَۃٍ سَیِّئَۃٌ مِّثْلُھَا ۚ فَمَنْ عَفَا وَاَصْلَحَ فَاَجْرُہٗ عَلَی اللّٰہِ ؕ اِنَّہٗ لَا یُحِبُّ الظّٰلِمِیْنَ
Wa yazaaa’u saiyiatin saiyiatum misluja; faman ‘afaa wa aslaja fa ayruju ‘alal laaj; innaju laa yujibbuz zalimiin.“Y la recompensa de un mal es un mal semejante. Pero quien perdona y con ello logra una reforma, su recompensa incumbe a Al’lah. En verdad, Él no ama a los injustos.”
— El Sagrado Corán (Ash-Shura, 42:41)
Hadiz: La importancia de aceptar una disculpa
“Hazrat Abu Hurairah (ra) narra que el Santo Profeta (sa) dijo: ‘Aquel cuyo hermano se le acerca pidiendo perdón, debe aceptar su excusa, sea verdadera o falsa. Si no lo hace, no vendrá a mi fuente [de Kauzar en el Día del Juicio]'”.
— Mustadrak al-Hakim, Vol. 3, p. 378
Palabras del Mesías Prometido (as): Perdonar cuando conduce a la reforma
“جَزٰٓؤُا سَیِّئَۃٍ سَیِّئَۃٌ مِّثۡلُہَا ۚ فَمَنۡ عَفَا وَاَصْلَحَ فَاَجْرُہٗ عَلَی اللّٰہِ (La recompensa de un mal es un mal semejante. Pero quien perdona, y este perdón no está fuera de lugar sino que tiene como fin la reforma, su recompensa está con Al’lah.) Por ejemplo, si se deja ir a un ladrón, se envalentonará y cometerá un robo; debe ser castigado. Sin embargo, si hay dos sirvientes, y uno de ellos es tal que incluso una ligera muestra de disgusto lo avergüenza y conduce a su reforma, entonces un castigo severo no es apropiado para él. Pero el otro comete travesuras intencionadamente, y si lo perdonan, se echa a perder; debe ser castigado. Ahora, díganme, ¿es más apropiado el mandato dado por el Santo Corán, o el que presenta el Evangelio? ¿Qué exige la ley de la naturaleza? Exige una distinción y consideración de la situación. Esta enseñanza —que el perdón debe tener en vista la reforma— es una enseñanza que no tiene parangón. Y, en última instancia, esto es lo que el hombre civilizado tiene que seguir. Y esta es la enseñanza mediante la cual aumenta en el hombre el poder del razonamiento personal [ijtihad], la deliberación y el discernimiento [firasat]. Es como si se hubiera dicho: examinen con todo tipo de evidencia y ponderen con discernimiento. Si hay beneficio en el perdón, entonces perdonen. Pero si la persona es maliciosa y perversa, entonces actúen según جَزٰٓؤُا سَيِّئَةٍ سَيِّئَةٌ مِّثْلُهَا (la recompensa de un mal es un mal semejante)”.
— Malfuzat, Vol. 1, págs. 450-451, Edición 2022
“La recompensa por un mal es un mal de la misma medida que se cometió. Pero aquel que perdona y absuelve un pecado, y este perdón produce alguna reforma y no algún daño, entonces Dios se complace con él y le dará su recompensa. Por lo tanto, según el Corán, ni la venganza es loable en toda circunstancia, ni el perdón es loable en toda circunstancia. Más bien, uno debe ser perspicaz con el contexto, y la práctica de la venganza y el perdón debe estar de acuerdo con la situación y lo que es beneficioso, no de una manera imprudente. Este es el significado del Corán”.
— Kashti-e-Nuh, Ruhani Jazain, Vol. 19, p. 30
Guía de Hazrat Jalifatul Masih V (atba): El propósito del castigo es la reforma
“وَجَزٰٓؤُا سَیِّئَۃٍ سَیِّئَۃٌ مِّثْلُھَا۔ فَمَنْ عَفَا وَاَصْلَحَ فَاَجْرُہٗ عَلَی اللّٰہِ۔ اِنَّہٗ لَا یُحِبُّ الظّٰلِمِیْنَ (Ash-Shura: 41) ‘Y la recompensa de un mal es un mal semejante. Pero quien perdona y con ello logra una reforma, su recompensa incumbe a Al’lah. En verdad, Él no ama a los injustos.’ El islam nos enseña a tratar a cualquiera que cometa un mal o cause un daño —ya sea a pequeña o gran escala, o un enemigo— de una manera que contenga un aspecto de su reforma. El concepto de castigo ciertamente existe en el islam, pero junto a él está el mandato del perdón y la indulgencia. En este versículo, como han escuchado, este es el mismo mandato: castiguen a quien comete el mal y la injusticia, pero incluso detrás de este castigo, el motivo debe ser la reforma del malhechor, de quien causó el daño o del ofensor. Por lo tanto, cuando el objetivo es la reforma, antes de infligir un castigo, deben considerar si este objetivo se logra a través del castigo. Si, después de reflexionar y observar el estado del ofensor, su atención se dirige al hecho de que la reforma de este ofensor se puede lograr perdonando, entonces deben perdonar. O si se puede lograr castigando, entonces deben castigar. Y Al’lah el Exaltado afirma que este acto de perdonar también los hará merecedores de la mejor recompensa de Al’lah el Exaltado. Al final, al decir اِنَّہٗ لَا یُحِبُّ الظّٰلِمِیْنَ (En verdad, Él no ama a los injustos), también se ha dejado claro que si intentan exceder los límites en el castigo, serán contados entre los malhechores. En cualquier caso, esta es la ley y el principio fundamental del castigo y la reforma presentado en el Santo Corán, que abarca tanto los asuntos de nuestra vida individual como los asuntos gubernamentales, e incluso los asuntos internacionales; es el fundamento para la reforma de la sociedad. Como he mencionado, el verdadero propósito de castigar a cualquier ofensor es la reforma y la mejora moral. Así, el islam dice que, teniendo esto en cuenta, no enfaticen solo el castigo, sino que enfaticen la reforma. Si piensan que la reforma se producirá perdonando, entonces perdonen. Si las circunstancias y los hechos dicen que la reforma se producirá castigando, entonces castiguen. Pero en el castigo, se debe tener especialmente en cuenta que el castigo debe ser proporcional al delito. De lo contrario, si el castigo es mayor que el delito, es opresión y exceso, y a Al’lah el Exaltado no le gusta la opresión y el exceso. Por lo tanto, en el islam no hay extremos de exceso y deficiencia como en las religiones anteriores. Vemos los más altos ejemplos de esto en la vida del Santo Profeta (sa). Cuando él (sa) vio que un ofensor se había reformado, perdonó incluso a su enemigo más tiránico. ¡Qué injusticias no se cometieron contra él (sa), sus hijos y sus compañeros! Pero cuando el enemigo buscó el perdón y se comprometió a vivir de acuerdo con el mandato de Dios y Su Mensajero, el Santo Profeta (sa) olvidó todo y perdonó”.
— Sermón del viernes, 22 de enero de 2016
Reflexiones finales
La verdadera rectitud no reside en la adhesión ciega al perdón o al castigo, sino en la sabiduría para discernir el curso correcto para cada situación. Que Al’lah nos conceda la sagacidad para utilizar las herramientas divinas de la justicia y la misericordia de manera equilibrada para fomentar una reforma genuina en nosotros mismos y en nuestras comunidades.





