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El Código Moral del Hombre Exige la Existencia de un Legislador Divino

TERCERA PRUEBA: El Código Moral Requiere un Legislador Moral

La tercera prueba que se desprende del Sagrado Corán es que la naturaleza humana es en sí misma una prueba de la existencia de Dios Todopoderoso, ya que hay ciertos males que la naturaleza humana aborrece intrínsecamente. Por ejemplo, entablar relaciones incestuosas con la madre, la hermana o la hija; entrar en contacto con la orina, los excrementos corporales u otros tipos similares de inmundicia; la falsedad y, de hecho, todas esas cosas que incluso los ateos rechazan. ¿Por qué sería esto cierto si Dios no existiera? Si Dios no existe, ¿por qué los hombres distinguen entre sus madres, hermanas y otras mujeres; por qué perciben que mentir está mal; con qué criterio consideran aborrecibles las cosas antes mencionadas? Si sus corazones no temen a un poder superior, ¿por qué rehúyen tales cosas? Para ellos, la verdad y la mentira, la justicia y la injusticia deberían tener el mismo valor, y deberían actuar libremente de acuerdo con sus deseos internos. ¿Cuál es esta ley divina que gobierna las emociones y prevalece sobre los corazones de la gente de tal manera que, aunque un ateo la niegue con sus palabras, no puede liberarse de su naturaleza inherente y su evitación de los actos pecaminosos o, al menos, su evitación en revelarlos, es una forma de evidencia personal de que en su corazón él también teme tener que responder ante un rey aunque niegue su soberanía? En el Sagrado Corán, Al’lah el Exaltado dice:

لَاۤ اُقۡسِمُ بِیَوۡمِ الۡقِیٰمَۃِ ۙ وَلَاۤ اُقۡسِمُ بِالنَّفۡسِ اللَّوَّامَۃِ

¡No! Llamo a atestiguar el Día de la Resurrección. Y llamo a atestiguar al alma que se acusa a sí misma, que el Día del Juicio es una certeza. (Corán, Surah Al-Qiyamah, 75:2-3)

Es decir, la gente se equivoca al pensar que no hay ni dios ni un juicio final, cuando en realidad Dios ha manifestado dos evidencias de ello. En primer lugar, todas las cosas deben encontrarse con un Día del Juicio en el que se deciden sus asuntos. El bien se encuentra con el bien y el mal se encuentra con el mal. Si no hay deidad, ¿por qué se reparten recompensas y castigos? Y las personas que niegan el Día del Juicio bien pueden ser testigos de que el juicio comienza en esta misma vida. Por ejemplo, los adúlteros son más propensos a contraer sífilis y gonorrea que los casados, aunque ambos realicen el mismo acto.

La segunda prueba es el alma que se auto acusa. Es decir, la propia conciencia de una persona es capaz de distinguir el pecado e identificar cuándo algo es incorrecto o malo. Incluso los ateos reconocen el adulterio y la falsedad como males y no sostienen que la arrogancia y los celos sean virtudes. ¿A qué se debe esto? Al fin y al cabo, no se adhieren a ninguna ley religiosa. En cambio, sus corazones sienten repulsión por ciertas cosas, y el corazón se inclina así porque reconoce que se enfrentará a un ajuste de cuentas por ciertas acciones de un ser superior, aunque sea incapaz de articular este sentimiento. En apoyo de esta idea, en otro lugar del Sagrado Corán, Dios dice:

فَاَلۡہَمَہَا فُجُوۡرَہَا وَتَقۡوٰٮہَا

Y le ha revelado lo que le está mal y lo que le está bien. (Corán, Surah Ash-Shams, 91:9)

Así, un sentido inherente del bien y del mal es una magnífica prueba de la existencia de Dios. Sin Dios, no hay razón para clasificar ciertas cosas como virtuosas y otras como inmorales. [En tal caso, la gente haría lo que quisiera [sin tener en cuenta el bien y el mal].

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