Las Pruebas del Creyente: Una Senda Hacia la Elevación Espiritual

(Sermón 07.11.2025)

En la vida de todo creyente, las dificultades son una realidad ineludible. La historia del Profeta Muhammad (la paz y las bendiciones de Al’lah sean con él) es un testimonio poderoso de ello; durante años, enfrentó innumerables adversidades con una paciencia inquebrantable, y al final, Al’lah le concedió la victoria prometida. Las penurias y los sufrimientos, lejos de ser meros obstáculos, son una parte integral del viaje de la fe, un mecanismo divino diseñado para probar, purificar y elevar al creyente.

La Pregunta Divina: ¿Es Suficiente Decir “Creemos”?

El Sagrado Corán aborda esta realidad de frente. En la Surah Al-Ankabut, Al’lah plantea una pregunta retórica que resuena a través de los siglos:

“¿Acaso piensan los hombres que se les dejará decir ‘creemos’ y no serán puestos a prueba?” (Corán 29:3)

Esta aleya establece un principio fundamental: la declaración de fe debe ser validada a través de la acción y la resistencia. Es inconcebible que una persona se someta a la voluntad de Al’lah y no enfrente desafíos que pongan a prueba la sinceridad de su compromiso. Estas pruebas no son arbitrarias; son el crisol en el que se forja la fe verdadera, separando las convicciones genuinas de las palabras vacías.

Una Promesa Eterna: De Adán (as) a Muhammad (saw)

Esta ley divina no es exclusiva de la era del Islam; es una promesa vigente desde el primer profeta, Adán (la paz sea con él), hasta el último. Todos los profetas —incluidos Noé (as), Abraham (as) y, de manera preeminente, Muhammad (saw)— enfrentaron dificultades extremas en sus misiones. Su perseverancia sirve como un modelo para toda la humanidad, demostrando que la grandeza espiritual está intrínsecamente ligada a la capacidad de soportar la adversidad con confianza en Dios. La lección común en sus vidas es que el creyente debe responder a las dificultades con una combinación de fe inquebrantable, paciencia hermosa y una fortaleza interna que le impida derrumbarse.

La Respuesta del Creyente: Paciencia, Resistencia y Fe

El Corán no solo advierte sobre las pruebas, sino que también prescribe la respuesta ideal. En la Surah Al-Baqarah, leemos:

“Y ciertamente os probaremos con algo de miedo, hambre, pérdida de bienes, vidas y frutos. Pero da buenas noticias a los pacientes, aquellos que cuando les alcanza una desgracia, dicen: ‘Ciertamente a Al’lah pertenecemos y a Él hemos de regresar.’” (Corán 2:156-157)

La marca distintiva del creyente paciente no es la ausencia de dolor, sino su perspectiva ante él. En lugar de quejarse o culpar a otros, se vuelve hacia Al’lah, reconociendo Su soberanía absoluta. Esta sumisión —“A Al’lah pertenecemos”— es la fuente de una paz y una resiliencia inmensas, pues se entiende que cada prueba, ya sea la pérdida de un ser querido, dificultades económicas o angustia emocional, es parte del plan divino y una oportunidad para acercarse a Él.

Dos Tipos de Pruebas: Castigo vs. Elevación

El Mesías Prometido (la paz sea con él) explicó una sabiduría profunda al diferenciar entre dos tipos de aflicciones. El sufrimiento que sobreviene a una persona como resultado de sus propias malas acciones es un tormento, un dolor ardiente que convierte su vida en un infierno. En contraste, las pruebas que afligen a los justos y a los profetas son de una naturaleza completamente diferente. Están acompañadas de una “hermosa paciencia” que las vuelve dulces. Para el creyente, estas dificultades no son un castigo, sino un medio para su progreso espiritual. Se convierten en escalones que le permiten alcanzar rangos espirituales que no podría haber logrado solo con sus obras. Al’lah, en Su amor, pone a prueba a quienes ama para purificarlos y elevarlos. El Profeta Muhammad (saw) lo resumió maravillosamente al decir que la grandeza de la recompensa corresponde a la grandeza de la prueba.

Un Corazón Sometido: Lecciones de un Poema

Hazrat Musleh Maud (que Al’lah esté complacido con él) capturó esta sumisión en un conmovedor poema:

Ho fazl tera Ya Rab, ya koi ibtila ho,
Raazi hain hum usi mein jismein teri raza ho.



(Sea Tu favor, oh Señor, o sea una prueba,
Estamos contentos con aquello en lo que esté Tu complacencia.)

Para el verdadero amante de Dios, la naturaleza de la circunstancia —sea bendición o prueba— es secundaria. Lo único que importa es que provenga de Al’lah y esté alineado con Su voluntad. Continúa diciendo:

Mit jaaun main to iski parwah nahin hai kuchh bhi,
Meri fana se haasil gar deen ko baqa ho.



(No me importa desaparecer,
Si con mi aniquilación la fe puede obtener permanencia.)

Esta es la cumbre del sacrificio: estar dispuesto a darlo todo por el bien de la fe.

El Propósito Final: Crecer Hacia Al’lah

En última instancia, el camino de la fe es un viaje continuo hacia Al’lah. Cada prueba es una invitación a profundizar nuestra relación con Él. No están destinadas a destruirnos, sino a construirnos, a pulir nuestras almas y a prepararnos para un estatus más elevado ante nuestro Creador. Por lo tanto, que Al’lah nos conceda la paciencia para soportar nuestras pruebas, la sabiduría para comprender su propósito y la fuerza para superarlas, sabiendo que cada paso en este camino, por difícil que sea, nos acerca un poco más a Él.

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