Elementor #1435

Sermón del Viernes – 12 de septiembre de 2025

Sermón del Viernes de Sayyidna Amirul Muminin, Hazrat Jalifatul Masih V (atba)

Pronunciado el 12 de septiembre de 2025

El Santo Profeta (sa), al enviar una expedición (sariyah), dio los siguientes consejos: Difundid ampliamente el salam, es decir, promoved la paz. Alimentad a la gente, no la dejéis morir de hambre. Sed modestos ante Al’lah como una persona digna se avergüenza ante su familia. Siempre que cometáis un error o un pecado, realizad una buena acción inmediatamente después, porque las buenas acciones borran los pecados.

En la batalla de Hunain, también se menciona el descenso de ejércitos de Al’lah, el Altísimo, que se interpretan como ángeles.

“Recordad bien que nadie puede matar a quien está dispuesto a morir. El único grupo que verdaderamente acepta la muerte son los profetas. Entonces, ¿hay alguien que pueda matarlos? De ninguna manera. La verdadera forma de alcanzar la vida eterna es que el hombre acepte la muerte por Al’lah, el Altísimo, y cuando una persona se levanta con esta intención, los ángeles de Al’lah, el Altísimo, se levantan para darle vida. Es como si comenzara una lucha: el hombre se esfuerza por alcanzar la muerte en el camino de Al’lah, el Altísimo, pero los ángeles se esfuerzan por mantenerlo con vida.”

(Hazrat Musleh Maud (ra))

Un relato inspirador de la vida del Profeta (sa) en el contexto de algunas ghazwas y sarayah que tuvieron lugar en el año 8 de la Hégira.

Mención y oración fúnebre en ausencia por el respetado Dr. Sayyid Shahab Ahmad Sahib de Canadá y el respetado Mubarak Jojar Sahib de Lahore.

أَشْھَدُ أَنْ لَّا إِلٰہَ إِلَّا اللّٰہُ وَحْدَہٗ لَا شَرِيْکَ لَہٗ وَأَشْھَدُ أَنَّ مُحَمَّدًا عَبْدُہٗ وَ رَسُوْلُہٗ۔

أَمَّا بَعْدُ فَأَعُوْذُ بِاللّٰہِ مِنَ الشَّيْطٰنِ الرَّجِيْمِ۔ بِسۡمِ اللّٰہِ الرَّحۡمٰنِ الرَّحِیۡمِ﴿۱﴾

اَلۡحَمۡدُلِلّٰہِ رَبِّ الۡعٰلَمِیۡنَ ۙ﴿۲﴾ الرَّحۡمٰنِ الرَّحِیۡمِ ۙ﴿۳﴾ مٰلِکِ یَوۡمِ الدِّیۡنِ ؕ﴿۴﴾إِیَّاکَ نَعْبُدُ وَ إِیَّاکَ نَسْتَعِیۡنُ ؕ﴿۵﴾

اِہۡدِنَا الصِّرَاطَ الۡمُسْتَقِیۡمَ ۙ﴿۶﴾ صِرَاطَ الَّذِیۡنَ أَنۡعَمۡتَ عَلَیۡہِمۡ ۬ۙ غَیۡرِ الۡمَغۡضُوۡبِ عَلَیۡہِمۡ وَ لَا الضَّآلِّیۡنَ﴿۷﴾

Estaba hablando sobre la ghazwa de Hunain. Los detalles adicionales son los siguientes.

La Ayuda Divina en la Batalla de Hunain

En la batalla de Hunain, también se menciona el descenso de ejércitos de Al’lah, el Altísimo, que se interpretan como ángeles.

Así, al mencionar la ghazwa de Hunain, Al’lah, el Altísimo, dice en el Sagrado Corán: ثُمَّ اَنۡزَلَ اللّٰہُ سَکِیۡنَتَہٗ عَلٰی رَسُوۡلِہٖ وَ عَلَی الۡمُؤۡمِنِیۡنَ وَ اَنۡزَلَ جُنُوۡدًا لَّمۡ تَرَوۡہَا وَ عَذَّبَ الَّذِیۡنَ کَفَرُوۡا وَ ذٰلِکَ جَزَآءُ الۡکٰفِرِیۡنَ (At-Taubah: 26).

Luego Al’lah hizo descender Su Sakinah (paz y tranquilidad) sobre Su Mensajero y sobre los creyentes, e hizo descender ejércitos que no podíais ver, y castigó a los que no creyeron. Y esa es la recompensa de los incrédulos.

Los exégetas y biógrafos han debatido de diversas maneras sobre el descenso de los ángeles en esta batalla. “Algunos opinan que el descenso de los ángeles fue meramente como una buena nueva para los creyentes y para su tranquilidad de corazón; de lo contrario, los ángeles no participaron activamente en la batalla. Esta idea contradice algunos hadices auténticos. Se ha demostrado a través de narraciones auténticas que los ángeles participaron activamente en la batalla. Sin embargo, aquí surge la dificultad de que para la victoria un solo ángel era suficiente, entonces, ¿por qué descendieron miles de ángeles? El Imam Ibn Kazir, después de citar los hadices presentes en los Sahihain sobre el descenso de los ángeles en el campo de batalla, escribe que el descenso de los ángeles por parte de Al’lah y la información a los musulmanes sobre ello fue como una buena nueva, de lo contrario, Al’lah podría haber ayudado a los musulmanes contra sus enemigos sin ello. Por eso Él dijo que la ayuda proviene solo de Al’lah, y en la sura Muhammad dijo que si Al’lah quisiera, Él mismo se vengaría de esos incrédulos, pero Él prueba [a los hombres]”.

(Al-Fazl International, 24-29 de julio de 2023, pp. 8-9, Sermón del Viernes del 7 de julio de 2023)

El Mesías Prometido (as) también ha explicado este punto. Él (as) dice que en el Corán se relata el suceso de la buena nueva de la ayuda de los ángeles para que los corazones de los creyentes se tranquilizaran y no tuvieran miedo en la batalla. Así, Al’lah, el Altísimo, prometió a los creyentes en el Corán y les dio la buena nueva de que vendría en su ayuda con cinco mil ángeles. Aumentó este número para que fuera una buena nueva para ellos, aunque uno solo de los ángeles tiene el poder de trastornar la tierra por orden de su Señor. Para ello no se necesitan cinco mil, ni siquiera cinco. Pero Al’lah, el Altísimo, quiso mostrarles una gran victoria, por lo que eligió una palabra que denota la abundancia de los que ayudan, y eso fue lo que se pretendía.

(Traducción al urdu de At-Tabligh, Ruhani Jazain, vol. 5, p. 448)

Hazrat Musleh Maud (ra) también ha dado una breve nota sobre esto en el Tafsir-e-Saghir. En la nota al pie del versículo ciento veintisiete de la sura Al-e-Imran, escribió: “La mención de los ángeles es solo porque recibir buenas nuevas en un sueño o visión aumenta el valor de una persona. De lo contrario, el verdadero significado era que Al’lah, el Altísimo, ayudaría”.

(Tafsir-e-Saghir, p. 96, bajo el versículo 127 de la sura Al-e-Imran)

Luego, en otro lugar, él (ra) dice:

“Recordad bien que nadie puede matar a quien está dispuesto a morir. El único grupo que verdaderamente acepta la muerte son los profetas. Entonces, ¿hay alguien que pueda matarlos? De ninguna manera. La verdadera forma de alcanzar la vida eterna es que el hombre acepte la muerte por Al’lah, el Altísimo, y cuando una persona se levanta con esta intención, los ángeles de Al’lah, el Altísimo, se levantan para darle vida. Es como si comenzara una lucha: el hombre se esfuerza por alcanzar la muerte en el camino de Al’lah, el Altísimo, pero los ángeles se esfuerzan por mantenerlo con vida. Cuando el siervo de Dios dice: ‘Quiero morir por Dios’, todos los ángeles de Al’lah, el Altísimo, dicen: ‘No te dejaremos morir’, y al final, los ángeles ganan. El siervo quiere morir. Para ello, se pone en situaciones cuyo resultado es la muerte, pero no muere… Mirad el incidente de Hunain. Cuando el enemigo atacó y avanzó, en ese momento solo había doce hombres con el Santo Profeta (sa). Todos los demás se habían dispersado por el lanzamiento de flechas del enemigo. En ese momento, Hazrat Abbas (ra) dijo: ‘¡Oh, Mensajero de Al’lah! Retroceda un poco’. Pero él (sa) espoleó a su montura y, avanzando, dijo: اَنَا النَّبِیُّ لَا کَذِب اَنَا ابْنُ عَبْدِالْمُطَّلِبْ (Soy el Profeta, no hay mentira en ello; soy el hijo de Abdul Muttalib). Yo soy el verdadero profeta de Al’lah, el Altísimo, ¿cómo podría dar la espalda? Esta fue una frase que hacía olvidar la humanidad y presentarse ante Al’lah, el Altísimo. Frente a cuatro mil arqueros, una persona dice: ‘No me moveré de aquí’. Entonces, no es un ser humano, sino Dios quien habla. El Santo Profeta (sa) también dijo en ese momento: اَنَا ابْنُ عَبْدِالْمُطَّلِبْ (Soy el hijo de Abdul Muttalib). Soy un ser humano. Así, cuando el Santo Profeta (sa) dijo que quería morir en el camino de Dios, los ángeles de Al’lah, el Altísimo, descendieron, y la derrota de Hunain se convirtió en victoria, y regresó del campo de batalla como vencedor.”

(Jatabat-e-Shura, vol. 1, pp. 612-613, Maylis-e-Mushawarat 1935, Nazarat Nashr-o-Isha’at Qadian 2013)

La Derrota y Huida del Enemigo

Ya se han mencionado los detalles de que cuando el Profeta (sa) llamó a los ansar y ellos regresaron y comenzaron a luchar con gran fervor y entusiasmo, al mismo tiempo, el Santo Profeta (sa) oró y arrojó un puñado de guijarrros hacia los incrédulos. El resultado fue que los Banu Hawazin, que afirmaban que hasta hoy Muhammad (sa) no se había enfrentado a ninguna nación guerrera y que cuando se enfrentaran a ellos les mostrarían lo que es la guerra, y que en realidad eran una de las tribus más poderosas de Arabia —no eran solo palabras, sino que realmente era una tribu poderosa—, en poco tiempo sufrieron una derrota y huyeron. Nadie se preocupó por sus esposas, hijos, bienes y ganado. Muchos fueron asesinados por los musulmanes, miles fueron hechos prisioneros, y un gran número de los que huyeron se dirigieron hacia Autas.

(Sharh az-Zarqani, vol. 3, pp. 530-531 y vol. 4, p. 19, Dar al-Kutub al-Ilmiyyah, Beirut, 1996)

En esta batalla, cientos de personas de los Hawazin fueron asesinadas. Hazrat Abu Talha (ra) mató a veinte idólatras. Del mismo modo, en la sariyah de Autas, trescientos idólatras fueron asesinados.

(Da’irah Ma’arif Sirat Muhammad Rasulul’lah (sa), vol. 9, p. 285, Bazm-e-Iqbal, Lahore)

A pesar de que los Hawazin huyeron, los guerreros de Zaqif se mantuvieron firmes. La tribu Zaqif se mantuvo firme y luchó con gran valentía hasta que setenta de ellos murieron. Su último portaestandarte fue Uzman bin Abdul’lah. Cuando fue asesinado, los Zaqif también huyeron. Cuando la noticia de la muerte de Uzman llegó al Santo Profeta (sa), dijo sobre este enemigo del islam: “Que Al’lah lo aleje de Su misericordia”. Mientras tanto, oró por la obtención de la misericordia para su asesino, Hazrat Abdul’lah bin Abi Umayyah, y Hazrat Abdul’lah dijo: “Espero que Al’lah, el Altísimo, me conceda el martirio en este mismo estado”. Así, alcanzó el martirio durante el asedio de Taif. Según algunas narraciones, el último portaestandarte, Uzman bin Abdul’lah, fue asesinado por Hazrat Ali (ra).

(Maghazi al-Waqidi, vol. 3, pp. 911-912; Tabaqat Ibn Sa’d, vol. 6, p. 55; Sharh az-Zarqani, vol. 3, p. 531; Subul al-Huda, vol. 5, p. 334)

En esta batalla, cuatro Compañeros (ra) fueron martirizados. Sus nombres son: Aiman bin Ubaid, hijo de Hazrat Umm Aiman. Esta Umm Aiman fue la que cuidó y crió al Santo Profeta (sa). Suraqah bin Hariz, un Compañero ansari. Su hijo, Harizah bin Suraqah, fue martirizado en la batalla de Badr. Yazid bin Zam’ah, uno de los primeros conversos al islam, que también ocupaba una alta posición entre los Quraish en la época de la ignorancia. Los Quraish le consultaban en asuntos importantes. Era sobrino de la Madre de los Creyentes, Hazrat Umm Salamah. Su martirio ocurrió en el campo de batalla cuando su caballo se encabritó. Cayó y luego quedó debajo de él. Según algunos, su martirio ocurrió en la ghazwa de Taif, lo cual se mencionará más adelante. El cuarto fue Hazrat Abu ‘Amir, cuyos detalles también se mencionarán más adelante en la sariyah de Autas.

(Extraído de Da’irah Ma’arif Sirat Muhammad Rasulul’lah (sa), vol. 9, p. 284; Usd al-Ghabah, vol. 5, p. 453)

Relatos de Fe y Curación en el Campo de Batalla

Hazrat ‘Aidh (ra) relata que en la batalla de Hunain, una flecha me alcanzó en la frente, y la sangre se extendió por mi cara y pecho. El Santo Profeta (sa) pasó su bendita mano desde mi cara y pecho hasta mi abdomen y limpió la sangre él mismo, lo que detuvo el sangrado de inmediato. Después de eso, él (sa) oró por mí. Algunos narradores también dicen que las marcas de las benditas manos del Santo Profeta (sa) permanecieron en su cuerpo después.

(Sirat al-Halabiyyah, vol. 3, p. 162; Sharh az-Zarqani, vol. 5, p. 457)

Hazrat Jalid bin Walid (ra), que era el comandante de un escuadrón de caballería, resultó gravemente herido en la fase inicial. Ya se ha mencionado que cuando el ejército se dispersó, él (ra) cayó. Un narrador relata que cuando los incrédulos fueron derrotados y los musulmanes regresaron a sus tiendas, vi al Santo Profeta (sa) caminando entre la gente y diciendo: “¿Quién me llevará hasta Jalid bin Walid?”. Cuando llegaron a él, Jalid estaba apoyado en una silla de montar. El Santo Profeta (sa) se sentó junto a Jalid y, al ver la herida, aplicó su saliva, lo que le curó. Además, Hazrat Abdul’lah bin Abi Aufa (ra), Hazrat Abu Bakr Siddiq (ra), Hazrat Umar (ra), Hazrat Uzman (ra) y Hazrat Ali (ra) también resultaron heridos.

(Extraído de Da’irah Ma’arif Sirat Muhammad Rasulul’lah (sa), vol. 9, p. 279; Sirat al-Halabiyyah, vol. 3, p. 162; As-Sirah an-Nabawiyyah as-Sahihah, parte 2, p. 504)

La Buena Nueva de la Victoria

Al principio, cuando algunos musulmanes huyeron del campo de Hunain, algunos de ellos se fueron a La Meca y allí dijeron que los musulmanes habían sido derrotados y que Muhammad (sa), Dios no lo quiera, había sido asesinado. Esta noticia alegró mucho a los hipócritas y a aquellos que albergaban rencor en sus corazones en La Meca, y dijeron que ahora los árabes volverían a su religión ancestral. En esta ocasión, el emir de La Meca, ‘Attab bin Asid, mostró una valentía y coraje extraordinarios y se dirigió a la gente de La Meca diciendo: إِنْ قُتِلَ مُحَمَّدٌ فَإِنَّ دِيْنَ اللّٰهِ قَائِمٌ، وَالَّذِيْ يَعْبُدُهٗ مُحَمَّدٌ حَيٌّ لَا يَمُوْتُ (Si Muhammad (sa) ha sido martirizado, ciertamente la religión de Al’lah permanecerá, y el Ser a quien Muhammad (sa) adoraba, es decir, Al’lah, el Altísimo, es un Ser que vive para siempre. Él está vivo y vivirá para siempre, y nunca morirá). Y poco después, llegó la buena noticia de Hunain de que los musulmanes habían obtenido la victoria y que los Banu Hawazin habían huido tras una dura derrota. Del mismo modo, esta noticia también había llegado primero a Medina. La noticia de la derrota llegó primero, alguien la había llevado. Allí, el Santo Profeta (sa) envió a Hazrat Nahik bin Aus con la buena nueva de la victoria. Él relata que partí al anochecer. En el camino, la gente también hablaba de que el ejército de Muhammad (sa) había sufrido una derrota como nunca antes, y que el ejército de Malik bin ‘Auf había prevalecido sobre el ejército de Muhammad (sa). Entonces dije: “Todo esto es mentira, más bien Al’lah ha concedido la victoria a Su Profeta y les ha otorgado a sus mujeres y niños como prisioneros”. Él dice que, dando esta noticia, llegué a Medina en tres días, y nunca antes había viajado tanto, es decir, viajé a gran velocidad continuamente. Luego, al llegar a Medina, anuncié que Muhammad (sa), por la gracia de Al’lah, el Altísimo, estaba bien y que los musulmanes habían obtenido una gran victoria. Y cuando partí de allí, los musulmanes ya habían reunido parte del botín y estaban reuniendo el resto. Luego fueron a las habitaciones de las Madres de los Creyentes y también les dieron la buena nueva de la seguridad y el bienestar del Santo Profeta (sa), y por ello, todas dieron gracias a Al’lah y se alegraron.

(Subul al-Huda, vol. 5, pp. 320 y 340; Zarqani, vol. 3, p. 508; Da’irah Ma’arif Sirat Muhammad Rasulul’lah (sa), vol. 9, pp. 280-282)

El Incidente de Muhallim bin Yazamah

Se han relatado más detalles. En el sermón justo antes de la mención de la Conquista de La Meca, se mencionó en los detalles de la sariyah de Idam que un Compañero, Muhallim bin Yazamah, mató a una persona que, al pasar, dijo As-salamu alaikum, pero a pesar de ello, lo mató. Se dan algunos detalles más sobre este incidente, que son los siguientes: después de la ghazwa de Hunain, cuando el Santo Profeta (sa) se dirigía a la ghazwa de Taif, un día después de la oración del Zuhr, estaba sentado bajo un árbol. ‘Uyainah bin Hisn se levantó. Exigió la sangre del asesinado, ‘Amir bin Adbat al-Ashya’i. Junto con él, se levantó Aqra’ bin Habis, que quería salvar a Muhallim bin Yazamah. Ambos comenzaron a discutir ante el Santo Profeta (sa). ‘Uyainah dijo: “¡Oh, Mensajero de Al’lah! ¡Por Al’lah! No lo dejaré [al asesino]. Haré que sus mujeres sufran la misma montaña de dolor que él ha hecho caer sobre nuestras mujeres”. El Santo Profeta (sa) le dijo que aceptara la compensación. “Toma cincuenta camellos ahora y cincuenta al llegar a Medina”. Pero ‘Uyainah se negó a aceptar la compensación. De todos modos, después de algunas discusiones, finalmente aceptaron la compensación. El asesino, Muhallim, estaba de pie a un lado; había venido preparado para la represalia, pensando que su muerte había llegado. Después de que se decidiera la compensación, Muhallim se levantó y se sentó junto al Santo Profeta (sa). Las lágrimas corrían de sus ojos. Dijo: “Me arrepiento ante Al’lah de lo que ha llegado a su conocimiento. Ore también por mi perdón”. El Profeta (sa) preguntó: “¿Cuál es tu nombre?”. Él respondió: “Muhallim bin Yazamah”. El Profeta (sa) dijo: “¿Lo mataste al principio del islam?”, es decir, que él dijo As-salamu alaikum tan pronto como llegó y aun así lo mataste. Y el Santo Profeta (sa) dijo en voz alta: “¡Oh, Al’lah! No perdones a Muhallim”. Todos escucharon esta frase. Muhallim dijo de nuevo: “¡Oh, Mensajero de Al’lah! Pido perdón. Pida también perdón por mí”. El Profeta (sa) volvió a decir en voz alta para que la gente lo oyera: “¡Oh, Al’lah! No perdones a Muhallim bin Yazamah”. Lo dijo por tercera vez, y el Santo Profeta (sa) repitió lo mismo por tercera vez. Luego, el Santo Profeta (sa) le dijo: “Levántate y vete de mi presencia”. Así que se levantó de su presencia, secándose las lágrimas con su manto. También hay una narración de Ibn Ishaq. Él dice que la gente de la tribu de Muhallim relata que más tarde, el Santo Profeta (sa) también oró por su perdón.

(Subul al-Huda wa ar-Rashad, vol. 5, pp. 339-340; Sunan Abu Dawud, hadiz no. 4503; Sunan Ibn Majah, hadiz no. 2625)

La Expedición (Sariyah) de Autas

Son los siguientes. Después de ser duramente derrotados en el campo de Hunain, el ejército de los Banu Hawazin huyó en la dirección que pudo. Una parte de ellos, incluido el comandante de los Banu Hawazin, Malik bin ‘Auf, huyó hacia Taif y se refugió en la fortaleza de Taif. Otra parte se reunió en el valle de Autas, y otra huyó hacia Najlah (es decir, Nujailah). Autas es el nombre de un valle cerca de Hunain. Como los Banu Hawazin habían atacado llevando consigo a sus esposas, hijos y todo su ganado, y ellos mismos huyeron, todo esto cayó en manos de los musulmanes como botín de guerra.

En la historia del islam, este fue el mayor botín de guerra que los musulmanes habían obtenido hasta ese momento.

El Santo Profeta (sa) envió a todos los prisioneros y el botín de guerra bajo la supervisión de Hazrat Mas’ud bin ‘Amr al-Gifarí hacia un lugar llamado Yi’ranah, y él mismo, con todo el ejército, se dirigió hacia Taif. Envió un ejército hacia Autas bajo el liderazgo de Hazrat Abu ‘Amir al-Ash’ari, cuyo nombre era ‘Ubaid bin Sulaim. En este ejército también estaban Abu Musa al-Ash’ari y Salamah bin al-Akwa’. Hazrat Abu ‘Amir (ra) desafió al enemigo a un combate singular. Allí había diez hermanos enemigos que eran famosos por sus incomparables habilidades de combate. Primero, estos diez hermanos salieron para el combate singular. Primero vino un hermano. Abu ‘Amir primero lo invitó al islam, pero él prefirió el combate. Abu ‘Amir dijo: اَللّٰہُمَّ اشْہَدْ عَلَیْہ (¡Oh, Al’lah! Sé testigo contra él). Diciendo esto, asestó un golpe de espada tal que cayó al suelo partido en dos. Luego vino el segundo hermano. Abu ‘Amir también lo invitó primero al islam y, ante su negativa, luchó y también fue asesinado. Así, uno tras otro, nueve hermanos fueron asesinados. Cuando llegó el décimo hermano y Abu ‘Amir, como de costumbre, estaba a punto de golpearlo diciendo اَللّٰہُمَّ اشْہَدْ عَلَیْہ, él gritó: اَللّٰہُمَّ لَا تَشْہَدْ عَلَیَّ (¡Oh, Al’lah! No seas testigo contra mí), y así dio a entender que estaba aceptando el islam. Al oír esto, Abu ‘Amir bajó su espada y lo dejó ir, pero él se dio la vuelta y atacó a Abu ‘Amir. Lo engañó. Según algunas narraciones, él martirizó a Abu ‘Amir, pero según otras narraciones, esto no es correcto, porque el que martirizó a Abu ‘Amir fue asesinado en ese mismo momento por Hazrat Abu Musa al-Ash’ari (ra). La narración más correcta es que el décimo hermano se convirtió más tarde al islam y se dice que demostró ser un muy buen musulmán. Más tarde, cada vez que el Santo Profeta (sa) lo veía, solía decir: ھٰذَا شَرِیْدُ اَبِی عَامِر (Este es el que escapó de la espada de Abu ‘Amir). En cualquier caso, Hazrat Abu ‘Amir (ra) continuó luchando con la misma valentía, y quienquiera que se enfrentara a su espada era asesinado. Finalmente, los dos hijos de Hariz al-Yushami, ‘Ala’ y Aufa, le lanzaron una lluvia de flechas. Una flecha le alcanzó en el pecho y otra en la rodilla. Según algunas narraciones, el que disparó la flecha fue Salamah, el hijo de Duraid bin Simmah. Abu Musa al-Ash’ari dice que le pregunté a Abu ‘Amir quién le había disparado la flecha, y él señaló a una persona. Lo perseguí, y él huyó. Cuando lo desafié, se detuvo, y luchamos con espadas, y lo maté. Al regresar, le dije a Abu ‘Amir: “Al’lah ha enviado a tu asesino al infierno”. Abu ‘Amir me dijo que le sacara la flecha. La flecha todavía estaba en su cuerpo. Él dice que cuando saqué la flecha, salió agua de la herida, lo que indicaba que la herida era profunda y que ya no había esperanza de vida. Abu Musa al-Ash’ari dice que Abu ‘Amir me dijo que transmitiera su salam al Santo Profeta (sa) y que le pidiera que orara por su perdón y absolución. Y que presentara su caballo y sus armas al Santo Profeta (sa). También me nombró su sucesor y me entregó el estandarte. Murió poco después. Abu Musa al-Ash’ari luchó contra esa gente, y el enemigo fue derrotado y huyó de allí. Algunos de ellos fueron asesinados, y Abu Musa regresó al servicio del Santo Profeta (sa) con el botín y los prisioneros de allí. Abu Musa al-Ash’ari relata que cuando me presenté ante el Santo Profeta (sa), él estaba acostado en un catre tejido con cuerdas, sobre el cual no había colchón ni nada. Pero según el Bujari y algunas otras narraciones, también había un colchón, pero debe haber sido muy delgado. Había una especie de sábana extendida. Las marcas de esas cuerdas eran visibles en el bendito cuerpo del Santo Profeta (sa). Él dice que presenté los detalles de la batalla de Autas ante él (sa) y, al relatar los detalles del martirio de Abu ‘Amir, también presenté su solicitud de oración. Entonces, el Santo Profeta (sa) pidió agua, realizó la ablución y luego, levantando ambas manos, oró: اَللّٰهُمَّ اغْفِرْ لِعُبَيْدٍ أبي عَامِرٍ۔ اَللّٰهُمَّ اجْعَلْ يَوْمَ الْقِيَامَةِ فَوْقَ كَثِيْرٍ مِنْ خَلْقِكَ مِنَ النَّاسِ (¡Oh, Al’lah! Perdona a ‘Ubaid Abu ‘Amir. ¡Oh, Al’lah! En el Día de la Resurrección, eleva su rango por encima de muchos de Tu creación entre la gente). Abu Musa al-Ash’ari relata que dije: “¡Oh, Mensajero de Al’lah! Ore también por mi perdón”. Entonces, el Santo Profeta (sa) también oró por él, diciendo: اَللّٰهُمَّ اغْفِرْ لِعَبْدِ اللّٰهِ بْنِ قَيْسٍ ذَنْبَهٗ وَأَدْخِلْهُ يَوْمَ الْقِيَامَةِ مُدْخَلًا كَرِيْمًا (¡Oh, Al’lah! Perdona los pecados de Abdul’lah bin Qais —este era el nombre de Abu Musa al-Ash’ari— y concédele una entrada honorable en el Día de la Resurrección).

(Sirat Ibn Hisham, p. 772; Subul al-Huda, vol. 6, pp. 206-207; Da’irah Ma’arif Sirat Muhammad Rasulul’lah (sa), vol. 9, pp. 331-334; Sharh az-Zarqani, vol. 3, pp. 532-533; Tarikh al-Khamis, vol. 2, p. 523; Bujari, hadiz 4323)

La Expedición de Tufail ad-Dausi y el Asedio de Taif

Luego, la Sariyah de Tufail bin ‘Amr ad-Dausi hacia Dhul-Kaffain. Esto ocurrió en Shawwal del año 8 de la Hégira. Cuando el Santo Profeta (sa) estaba a punto de partir de Hunain hacia Taif, envió a Tufail ad-Dausi a destruir el ídolo llamado Dhul-Kaffain. Hazrat Tufail pertenecía a la tribu Daus y era famoso entre su gente como un poeta de alto calibre, sabio y prudente. Vio al Santo Profeta (sa) durante el período de La Meca y se convirtió en musulmán en ese mismo momento. Se dice que después de la ghazwa de Hunain, él mismo solicitó al Santo Profeta (sa) que lo enviara a destruir el ídolo llamado Dhul-Kaffain. El Santo Profeta (sa) lo nombró comandante de esta expedición y le dio estos consejos:

“Difundid ampliamente el salam, es decir, promoved la paz. Alimentad a la gente, no la dejéis morir de hambre. Sed modestos ante Al’lah, el Altísimo, como una persona digna se avergüenza ante su familia. Siempre que cometáis un error o un pecado, realizad una buena acción inmediatamente después, porque las buenas acciones borran los pecados.”

Estos fueron los consejos que él (sa) le dio, y luego dijo que llevara consigo a la gente de su tribu y, después de completar esta tarea, regresara a Taif. Así, Hazrat Tufail tomó a cuatrocientos hombres de su tribu y prendió fuego a este ídolo de madera, quemándolo. En ese momento, recitó estos versos: “¡Oh, Dhul-Kaffain! Escucha, no soy de tus adoradores, porque tú has sido creado ahora, mientras que nuestro nacimiento es anterior al tuyo. Mira, he llenado todo tu ser, por dentro y por fuera, con las llamas del fuego”. Después de llevar a cabo esta misión con éxito, regresó a Taif. Hacía cuatro días que el Santo Profeta (sa) había llegado a Taif.

Hazrat Tufail trajo consigo a cuatrocientos valientes guerreros y, según los estándares de la época, también trajo armas de guerra modernas, es decir, una manjaniq y una dabbabah.

Una manjaniq es un dispositivo con el que se lanzan grandes piedras, es decir, algo parecido a un cañón. Y una dabbabah era una caja fuerte y cerrada de madera, similar a los vehículos blindados de hoy en día. En esa época, varios hombres podían entrar por debajo y llegar a la muralla de la fortaleza, y, protegidos del alcance del enemigo, abrir una brecha en la muralla. Estas armas se utilizaron por primera vez en la ghazwa de Taif.

(Da’irah Ma’arif Sirat Muhammad Rasulul’lah (sa), vol. 9, pp. 337-339; Tabaqat al-Kubra, vol. 2, pp. 119-120; Farhang-e-Sirat, p. 120; Feroz-ul-Lughat, p. 1291)

La Ghazwa de Taif

La Ghazwa de Taif tuvo lugar en Shawwal del año 8 de la Hégira. Su historia es que Taif es una ciudad famosa a unos noventa kilómetros al este de La Meca. Taif era un lugar muy fortificado. Se le llamaba Taif porque tenía una muralla a su alrededor para su protección. La tribu de Zaqif que vivía aquí era muy valiente. Eran muy valientes. Eran distinguidos en toda Arabia y prácticamente rivales de los Quraish. ‘Urwah bin Mas’ud, que era el jefe aquí, estaba casado con la hija de Abu Sufyan. Los incrédulos de La Meca solían decir que si el Corán hubiera de descender, habría descendido sobre los jefes de La Meca o Taif. Solían decir que en lugar de descender sobre el Santo Profeta (sa), debería haber descendido sobre un gran hombre. Los grandes hombres vivían en estos dos lugares. La gente de aquí también estaba familiarizada con el arte de la guerra. En cualquier caso, aquí había una fortaleza segura. La gente de la ciudad había reunido provisiones para un año. Por todas partes se colocaron manjaniq y se apostaron arqueros expertos en varios lugares.

Esta ghazwa es en realidad una continuación de la ghazwa de Hunain, ya que la mayoría de los derrotados de Hawazin y Zaqif habían huido con su jefe Malik bin ‘Auf an-Nasri a Taif y se habían atrincherado allí. Por lo tanto, el Santo Profeta (sa), después de terminar con Hunain, envió todo el botín de guerra y más de seis mil prisioneros, esclavos y esclavas, a un valle cerca de La Meca llamado Yi’ranah, y él mismo se dirigió a Taif. Yi’ranah es el nombre de un pozo en el camino entre La Meca y Taif, cerca de La Meca. Su distancia de La Meca es de aproximadamente diecisiete millas. Nombró a Budail bin Warqa’ o a Hazrat Mas’ud bin ‘Amr al-Gifarí como supervisor de los bienes del botín.

(Extraído de Sirat-un-Nabi de Shibli Nomani, parte 1, p. 360; Ar-Rahiq al-Makhtum, p. 567; Subul al-Huda, vol. 5, pp. 338-339; Farhang-e-Sirat, pp. 88-178)

En cualquier caso, él (sa) envió una vanguardia de mil soldados bajo el liderazgo de Hazrat Jalid bin Walid (ra). Al llegar allí, intentaron negociar con la gente de la fortaleza, es decir, la gente de Taif, pero la gente de la fortaleza no estuvo de acuerdo. Después de enviar a Hazrat Jalid bin Walid (ra), el Santo Profeta (sa) también se dirigió a Taif. Los expertos en esos caminos iban con ellos, caminando delante del ejército. En el camino, había una fortaleza del comandante del ejército enemigo en la ghazwa de Hunain, Malik bin ‘Auf. El Santo Profeta (sa) preguntó si alguien vivía en ella en ese momento. Se le informó que estaba vacía, por lo que el Santo Profeta (sa) ordenó que fuera demolida. Luego, continuando el viaje, llegó a Taif y, acampando cerca de la fortaleza de Taif, la asedió.

(Extraído de Subul al-Huda, vol. 5, p. 382; Ar-Rahiq al-Makhtum, p. 567; Al-Lu’lu’ al-Maknun, vol. 9, p. 305; Kitab al-Maghazi, vol. 3, pp. 924-925; Da’irah Ma’arif Sirat Muhammad (sa), vol. 9, p. 347)

La gente de Taif se había estado preparando para esta guerra durante mucho tiempo. Habían reparado y mantenido la fortaleza y también habían reunido grano y provisiones para un año. Y todas las personas que pudieron huir después de la inesperada derrota en el campo de Hunain se refugiaron en esta fortaleza y cerraron sus puertas.

(Extraído de Subul al-Huda, vol. 5, p. 382; Al-Lu’lu’ al-Maknun, vol. 9, p. 309)

Al principio, el Santo Profeta (sa) acampó en un lugar abierto muy cerca de Taif. El ejército aún no se había establecido completamente cuando los arqueros de la fortaleza lanzaron una intensa lluvia de flechas, hiriendo a muchos musulmanes. Durante este tiempo, Hazrat Hubab bin Munzir se presentó ante el Santo Profeta (sa) y dijo: “¡Oh, Mensajero de Al’lah! Este lugar no es adecuado para nuestro campamento porque la gente de Taif son arqueros expertos y sus flechas llegan lejos”. Entonces, el Santo Profeta (sa) le ordenó que eligiera un lugar adecuado. Luego, todo el ejército se trasladó a un nuevo lugar. Durante el asedio, también hubo incidentes de lanzamiento de flechas y piedras desde ambos lados. Para hacer frente a esta situación, el Santo Profeta (sa) instaló una manjaniq y lanzó grandes piedras sobre la gente de Taif. Ya se ha mencionado que esta manjaniq fue traída por Hazrat Tufail ad-Dausi al regresar de la sariyah de Dhul-Kaffain. Un día, al lanzar piedras, se abrió un agujero en una de las murallas de la fortaleza. Entonces, un grupo de musulmanes avanzó hacia la muralla de la fortaleza con una dabbabah —era una especie de caja que se usaba para protegerse— para poder entrar por allí. Pero cuando avanzaron, la gente de la fortaleza comenzó a arrojarles trozos de hierro al rojo vivo. Como en la dabbabah se usaba mucho cuero, se incendió, y los muyahidines musulmanes que estaban debajo tuvieron que salir. Tan pronto como salieron, la gente de Taif les disparó flechas y martirizó a la mayoría de ellos. Durante este tiempo, una vez el Santo Profeta (sa) también ordenó cortar los viñedos de la gente de Taif. Creo que este fue el último recurso, que creo que se usó generalmente para asustar, porque más tarde también fue revocado. Al principio, la gente de la fortaleza dijo con gran arrogancia: “Si queman nuestros viñedos, quémenlos. No pueden llevarse nuestra tierra y agua”. Estaban muy orgullosos de la fertilidad de su región, y el objetivo era que volverían a cultivar, que no tenían miedo. Pero cuando realmente comenzaron a destruir los viñedos, y cortaron una parte para demostrar que si decían eso, entonces los cortarían, un jefe de Taif, Sufyan bin Abdul’lah, solicitó al Santo Profeta (sa) diciendo: “¿Por qué está destruyendo nuestros viñedos? Si nos conquista, todo esto será suyo. Si no, por el amor de Dios y por los lazos de parentesco, no haga esto”. Solicitó que, por el amor de Al’lah, también tuviera misericordia de ellos y no hiciera esto. Muchas de las relaciones de los Quraish de La Meca eran con la gente de Taif. Incluso si no fuera así, de todos modos, el propio ejemplo del Santo Profeta (sa) era que no era severo. Así, a petición de Sufyan, el Santo Profeta (sa) dejó esos viñedos y no los cortó.

(Extraído de As-Sirah an-Nabawiyyah li-Ibn Hisham, p. 793; Sharh al-‘Allamah az-Zarqani, parte 4, p. 10; Ghazwa-e-Hunain, de Bashmil, pp. 227-229, 242; Da’irah Ma’arif Sirat Muhammad Rasulul’lah (sa), vol. 9, p. 349; Al-Lu’lu’ al-Maknun, vol. 9, p. 312)

El Santo Profeta (sa) y los Compañeros (ra) estuvieron ocupados en la guerra con la gente de Taif durante medio mes o más, pero en realidad, el miedo y el terror de la derrota de Hunain se habían apoderado de los corazones de la gente de Taif de tal manera que lucharon desde dentro de la fortaleza, sin salir. Durante este tiempo, ni una sola persona de ellos salió del recinto para luchar.

(Tarikh at-Tabari, vol. 2, p. 171; Extraído de Ghazwa-e-Hunain de Bashmil, p. 244)

Hasta que una vez, Jalid bin Walid salió al campo y desafió a los valientes de Zaqif, invitándolos a un combate singular, pero a pesar de sus repetidos llamados, nadie salió. Hasta que el jefe de Zaqif, ‘Abd Yalil, llamó a Hazrat Jalid en voz alta y dijo: “Ninguno de nosotros saldrá a enfrentarte. Estamos seguros en nuestra fortaleza y tenemos comida y provisiones para un año. No tenemos ninguna preocupación”. Durante este tiempo, una vez Hazrat Yazid bin Zam’ah pidió hablar con la gente de la fortaleza, diciendo: “Si me dan seguridad, quiero decir algo”. “Garanticen que no me harán daño. Quiero venir como emisario”. Le dieron seguridad y dijeron: “Está bien, te damos seguridad”. Se acercó a la fortaleza, pero ellos, rompiendo su promesa, comenzaron a dispararle flechas y fue martirizado. Fue el primer mártir de esta ghazwa. Era sobrino de la Madre de los Creyentes, Hazrat Umm Salamah. El que lo martirizó fue Huzail bin Abi Salt. Después de martirizarlo, salió de la fortaleza con arrogancia, pensando que los musulmanes estarían asustados por este incidente y no podrían hacer nada. Pero tan pronto como salió por la puerta de la fortaleza, el hermano de Hazrat Yazid bin Zam’ah (ra), Ya’qub bin Zam’ah, que estaba escondido cerca de la puerta de la fortaleza, lo atrapó y, llevándolo ante el Santo Profeta (sa), dijo: “¡Oh, Mensajero de Al’lah! Este es el asesino de mi hermano”. Así, fue ejecutado.

(Da’irah Ma’arif Sirat Muhammad (sa), vol. 9, pp. 351-354; Ghazwa-e-Hunain de Bashmil, pp. 229-230)

Estos detalles aún continúan. Si Al’lah quiere, se relatarán más en el futuro.

Oraciones Fúnebres en Ausencia

Después de la oración, también dirigiré dos oraciones fúnebres en ausencia.

La primera es por el respetado Dr. Sayyid Shahab Ahmad Sahib, que residía actualmente en Canadá. Era originario de la India. Falleció en los últimos días a la edad de noventa y seis años. Inna lil’lahi wa inna ilaihi rayi’un. El difunto era un musi. Le sobreviven un hijo y tres hijas. También tiene descendencia. Era nieto del Compañero del Mesías Prometido (as), Hazrat Sayyid Iradat Husain Sahib (ra) de la provincia de Bihar. Obtuvo una maestría en psicología de la Universidad Musulmana de Aligarh. Luego, una maestría de la Universidad de Bihar, Muzaffarpur. Más tarde, obtuvo un doctorado en la misma materia de la Universidad de Glasgow, Escocia. En 1968, por indicación de Hazrat Jalifatul Masih III (rh), se trasladó a Canadá, donde enseñó psicología clínica como profesor en la universidad. Durante nueve años, ejerció como psicólogo clínico. El difunto tuvo la oportunidad de servir a la Yama’at en varios momentos en la India y Canadá. Durante mucho tiempo, fue presidente de la Yama’at de Saskatoon. Antes de eso, tuvo la oportunidad de servir activamente como Secretario de Tabligh. Luego, en Edmonton, sirvió en los departamentos de Publicaciones, así como en Tarbiyat y Educación. Fue un exitoso predicador a Al’lah. Tuvo la oportunidad de facilitar varios Bai’ats. La historia de la Yama’at Ahmadía de Canadá se está escribiendo en inglés, y él tuvo la oportunidad de revisarla hasta cierto punto. Tuvo la oportunidad de organizar varias conferencias interreligiosas en Saskatoon, Canadá, a través de las cuales el mensaje de la Yama’at llegó a la clase educada de allí. También tuvo la oportunidad de dar discursos sobre el islam y el Ahmadíat en diversas instituciones. También colocó libros de la Yama’at en varias bibliotecas. Era una personalidad erudita. Sus diversos artículos en inglés y urdu en apoyo del islam y el Ahmadíat se publicaron en periódicos y revistas de la Yama’at, así como en otros periódicos. Un logro importante suyo fue compilar la historia del Ahmadíat en la provincia de Bihar, India. Tiene dos libros: Compañeros de Ahmad de la provincia de Bihar y Mártires de Ahmadíat de la provincia de Bihar y algunos de los primeros devotos. Estos dos libros ya han sido publicados. Son buenos libros. Se puso en contacto continuamente con los ahmadíes de la provincia de Bihar y recopiló sus circunstancias. Su tercer libro, Ahmadíat en la provincia de Bihar, también está completo y está en inglés.

Era un anciano piadoso y justo, y un ahmadí ejemplar. Siempre consideró su primer deber obedecer los mandamientos islámicos. Tenía una profunda devoción y lealtad al Santo Profeta (sa), al Mesías Prometido (as) y al Jalifato.

Su hijo, Sayyid Mubarak, dice que se fijó un solo propósito en toda su vida, y era obtener el beneplácito de Al’lah, el Altísimo. Por lo tanto, era muy puntual en las cinco oraciones diarias. Tenía una devoción especial por la adoración. También tenía un gran interés por leer, escribir y aprender. Incluso en los últimos días de su vida, compraba libros nuevos y, a pesar de su vejez, asistía regularmente a la oración del viernes. Una semana antes de su fallecimiento, asistió al Yalsa del oeste de Canadá. Tenía una gran pasión por el Tabligh y solía ir a diferentes pueblos a predicar. En todos los asuntos, buscaba la guía del Jalifa de la época. También solía recibir largas cartas mías. También me enviaba los libros que había escrito. Siempre estaba a la vanguardia en las contribuciones. En los últimos cuatro años de su vida, ofreció una quinta parte de sus ingresos al sistema de Wasiyat. Que Al’lah, el Altísimo, le conceda el perdón y le trate con misericordia.

La segunda mención es de Mubarak Jojar Sahib de Lahore, que era hijo de Insha’Al’lah Jojar Sahib. También falleció en los últimos días a la edad de ochenta y un años. Inna lil’lahi wa inna ilaihi rayi’un. El difunto también era un musi. Era el hermano menor de Afzal Jojar Sahib, mártir de Gujranwala, y el tío de Ashraf Jojar Sahib, mártir. Hay dos mártires en su familia. Tenía una relación especial con Hazrat Jalifatul Masih IV (rh). Él fue quien arregló su matrimonio. Arregló su compromiso y tenía una relación muy cercana con él incluso antes del Jalifato.

Fue por la iniciativa de Hazrat Jalifatul Masih IV (rh) que comenzó su negocio en Karachi, y fue un negocio muy exitoso. En términos de la Yama’at, no se le confió ningún servicio importante, pero cada vez que se le llamaba para el servicio de la Yama’at, acudía de inmediato. Tenía una devoción muy profunda por la Yama’at y el Jalifato. Era muy sociable, afectuoso y sentía el dolor de la gente, y trataba de aliviarlo. Participaba activamente en obras de bienestar público. También había establecido una beca educativa a nombre de su difunta madre. Le sobreviven su esposa, una hija y dos hijos. Que Al’lah, el Altísimo, le conceda el perdón y le trate con misericordia.